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En el Valle de Aburrá la extorsión es pan de cada día (3ª Parte)

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Es cotidiano escuchar historias de personas que a diario deben pagar ‘vacuna’ en diferentes sectores de la ciudad. Los tentáculos de la delincuencia común tocan todos los renglones de la economía y se ‘chupan’ el dinero de los ciudadanos a cuenta gotas, lo cual sirve para financiar otras rentas ilegales e incluso antojos y lujos de los bandidos.

Por: Mauricio Galeano Quiroz – Comunicador Social-Periodista – @maurosgal

Extorsión por cuidar automotores

Álvaro* relata que a las personas que dejan afuera de sus casas los vehículos, en la calle o en las aceras, los integrantes de los combos también les cobran una cuota semanal entre $5.000 y $10 mil pesos por la seguridad del carro particular, el taxi, el camión, el bus o la moto. Si no pagan, “le robamos un retrovisor que vale 300 mil pesos o más”, comenta Álvaro. Lo paradójico e injusto de esta modalidad es que si la persona paga la cuota y el vehículo sufre cualquier daño o percance mientras está parqueado, el combo no le reconoce nada. El cliente está “¡de malas! Si uno se da cuenta quién le robó un lujo, repuesto o le hizo un daño, se busca al culpable y tiene que pagar. Si no paga, lo hacemos abrir del barrio. Y si no se sabe quién fue, el dueño del carro perdió”, dice con sinceridad Álvaro, refiriéndose a un cobro en el que no hay certeza ni garantía de un buen cuidado o responsabilidad por los daños ocasionados a los vehículos.

Lo más irónico del asunto es que los propietarios de los vehículos saben que no se pueden oponer contra el pago de esa ‘vacuna’ porque el poderío de los combos en los barrios es fuerte. “Antes la gente en los barrios preguntaba: ‘¿Y si me roban ustedes me pagan?’. Entonces uno respondía: ‘es que estamos vigilando para que no roben’. A usted la Policía no le paga si le roban. O sea que si les roban, ¡de malas! ¡Perdió! Y si no pagan, entonces les robamos para que sepan que no estamos charlando. ¡Se le hace el daño, o se va del barrio, o se muere!”, sentencia con crueldad Álvaro, y cuenta que anteriormente los que se quejaban y se rebelaban ya están muertos, “por ejemplo los carniceros, que eran muy ‘paraos’ y eran los que mantenían plata desde temprano en un barrio”.

‘Vacuna’ a los transportadores

Álvaro reitera e insiste que los transportadores de buses y colectivos saben que “tienen que pagar extorsión”, porque si no, les roban o les queman el carro; o también les paran la ruta. “Hasta los del Metro tiene que pagar en muchos sectores, porque si no se les queman los buses integrados. Eso lo disfrazan porque el Metro nunca va a aceptar que la empresa paga, y que le giró un cheque o le entregó plata en efectivo a ‘fulano’, ‘perano’ o a tal combo. Pero los choferes sí saben que hay que dar una cuota y el jefe sabe. Uno presiona a los choferes y se va la cadena hasta llegar a la empresa. El que lleva del bulto es el chofer y la empresa sabe que tiene que cuidar su vida”, narra Álvaro de una manera cruda.

Las empresas, incluido el Metro, también deben cuidar la ruta y, según Álvaro, por eso deben pagar la extorsión. Además, los choferes siguen recibiendo plata en efectivo de los pasajeros que montan ‘pirateados’. Esto se da más que todo en los barrios altos o periféricos. Adicionalmente, los buses les deben prestar servicios o viajes extraordinarios a los combos para suplir sus necesidades; “es decir, llevar los ‘pelaos’ a un partido, de un sector a otro, a un entierro… En fin, lo que se ocurra, sin pagar un peso por ese transporte”, afirma Álvaro.

El comercio informal no se salva

En cuanto a las ventas informales, Álvaro narra que los vendedores ambulantes, la gente que se ubica en los semáforos, los que limpian parabrisas, los que venden minutos a celular, tintos y todo tipo de ‘chaza’ o negocio en la calle debe contribuir con cuotas para la seguridad; así sea de $5.000 pesos semanales. Los ‘pagadiarios’ o prestamistas de dinero cobran altos intereses y también nos pagan por protección. Ellos trabajan intimidando; es decir, prestan plata y luego le dicen al cliente: “¡me pagás o te mato!”; y uno los respalda en el cobro”.

¿En qué se invierten las ´vacunas’?

En cuanto a las ganancias que deja la extorsión Álvaro refiere que hay barrios y sectores muy buenos como hay otros que son muy deprimidos. Entre los buenos incluye la comuna de Belén o Aranjuez, que tienen mucho comercio y entra mucho dinero. En cuanto a los barrios flojos reseña a Robledo Kennedy, o la parte alta de Santo Domingo, que tienen poco movimiento comercial, pero sí tienen transporte. Y hay barrios periféricos donde los ingresos ilegales provienen de la extorsión a tiendas y locales comerciales y al transporte, porque la gente es muy pobre y no tiene ni siquiera mil pesos para sostener la ‘vacuna’.

Álvaro afirma que ese dinero de las ‘vacunas’ o extorsiones es para el combo. “Se les paga a los muchachos, y a mí que soy el jefe. Ellos me traen la plata y las listas en papel, o en computador, para saber cuánto dio la gente. Si nos recogemos 20 o 30 millones de pesos en el mes, a los ‘pelaos’ que cumplen labores de ‘gatilleros, campaneros y carritos’ se les entregan 200 o 300 mil pesos semanales a cada uno”, explica Álvaro mientras se fuma otro cigarrillo. Este líder de combo además agrega que: “esa plata también se utiliza para negociar, comprar propiedades en los barrios, se compran algunos kilos de cocaína y los patrones le colaboran a uno llevándolo en algunos embarques, y esas ganancias del narcotráfico se invierten en armas, munición y vehículos. Y también queda un poquito para las farras del combo”.

Álvaro reconoce que por cuenta del miedo de la comunidad un pequeño grupo de delincuentes vive bien a expensas de las contribuciones que les entregan por la supuesta seguridad. “Por eso son tan apetecidos los cargos de liderazgo en los combos, y por eso hay tanta traición y caen muchos caciques de barrio. Eso es porque los de abajo vienen con ganas de plata fácil, se tuercen. ¡Estos reinados no duran mucho!”, reconoce.

En contexto: Extorsión: un flagelo sin solución en la ciudad (2ª Parte)

Para este delincuente es claro que a la Ley, a las oficinas y a las bandas criminales no les convienen los jefes muy eternos. Sabe que ese cacicazgo dura uno o dos años porque los mismos jefes los entregan cuando los ven muy posicionados, muy bravos o muy independientes de las órdenes de la oficina o banda criminal. “Ahora no hay carteles mafiosos con jefes que duran largo tiempo. Lo que pasa es que los mafiosos de antes no extorsionaban a la comunidad, solo enviaban droga para el extranjero y patrocinaban negocios grandes de delincuencia como el robo a bancos o un secuestro de alguien adinerado”, explica el delincuente, insistiendo en que ahora el negocio del narcotráfico lo mueven las bandas criminales y las guerrillas y que a los combos les dejan rebuscarse con extorsiones, hurtos, fleteos y asesinatos.

Este líder de uno de los combos delincuenciales de Medellín indica que la extorsión se convirtió en una renta ilegal de los grupos armados al margen de la ley en la ciudad y el país porque es una modalidad fácil de ejecutar y porque los ‘traquetos’ duros que patrocinaban los combos se han caído (murieron, están presos o han negociado con los Estados Unidos). “Los paramilitares, los guerrilleros y los políticos absorbieron esas mafias y hoy en día son los grupos que manejan el negocio a gran escala. Por eso se recurre a la extorsión como negocio ilegal”, explica Álvaro.

* Nombre ficticio por solicitud de la fuente

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