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Mercenarios de la información

Simpatizar con los partidos de oposición, recuperar a cómo dé lugar la pauta oficial y confabular un libreto para distorsionar la realidad del país es la misión de los trabajadores de los medios convencionales en Colombia. Por: Mauricio Galeano Quiróz - Comunicador Social-Periodista - @Maurosgal

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Desde hace más o menos 10 años dejé de ver, escuchar y leer noticias ciegamente en los medios convencionales colombianos: la soberbia de Julio Sánchez, la hipocresía de El Colombiano y las verdades a medias de Caracol o RCN me defraudaron hace rato, porque se convirtieron en canales a los que solo les interesa la pauta oficial y el roce politiquero para mantener sus ratings.

A pesar de que mi desinterés por ver o escuchar sus contenidos es nimio, no puedo dejar pasar desapercibidos el libreto y la confabulación que esos medios han construido en los últimos tres años para desacreditar al gobierno de turno, manipular la opinión pública y vender la supuesta imagen un país que parecía Suiza y que ahora va peor que Etiopía.

En la actualidad quienes posan de periodistas en medios tradicionales como Caracol Radio, La FM, Blu Radio, W Radio, El Colombiano, El Espectador, El Heraldo, Caracol Noticias, Noticias RCN, Minuto 30, entre muchos otros canales de desinformación, se comportan como ‘correveydiles’ o cajas de resonancia de una oposición que busca a cualquier medida pintar escenas salidas de la realidad como si fuesen adalides de la moral y la honestidad.

Lo que no han visto los directores y reporteros de esos medios ‒lógicamente por orden de los dueños‒ es que cada día su credibilidad y reputación va en caída, ¡y no les interesa! Se hacen los ciegos o desconocen que ya no son los únicos emisores y que no son dueños de la verdad. No quieren darse cuenta de que la gente no es manipulable del todo y que su audiencia se alimenta de otras fuentes de información: oficiales, influenciadores, contenidos a manera de quejas, denuncias, entre otros.

Lo peor de todo es que sus mentiras y su libreto se derrumban cuando quienes se sienten afectados los demandan y denuncian y ellos pierden en estrados judiciales. Un ejemplo de ello es la tutela impuesta por la Corporación Voces Libres para la Democracia (VLID) que obligó esta semana al periódico El Espectador a retractarse del artículo publicado el 5 de abril de 2025 titulado: “Tropa de influenciadores de Petro se mueve con el erario y se agita para la campaña”, en el que señalaba a 100 usuarios de la red X como “comentaristas pagos por el Gobierno de Gustavo Petro”.

Esa estigmatización, por la cual deben pagar los platos rotos don Fidel Cano y sus trabajadores, esa una lección para que aprendan a hacer bien el oficio del periodismo. Bien les cabe a los trabajadores de los medios anteriormente mencionados ‒quienes sí reciben jugosos salarios por cumplir la misión que les imponen sus patrones‒ el término de mandaderos de la información, porque en su cotidianidad lo que hacen a través de sus micrófonos, redes y canales es despotricar, hablar sandeces, denigrar, estigmatizar, señalar, perfilar y mentir sobre el equipo del actual gobierno, líderes comunitarios o acerca de quienes no comparten el guion de los politiqueros tradicionales; es decir, se han convertido en mercenarios de la información.

Trabajadores de medios como Luz María Sierra, Darcy Quinn, Diana Saray Giraldo, Néstor Morales, Melquisedec Torres, Julio Sánchez Cristo, Juan Diego Alvira, incluso la precandidata Victoria Eugenia Dávila, ¡y muchos más…!, dan para hacer una tesis de ‘antiperiodismo’ o de mercenarios de la información en Colombia.

Estos personajes de la farándula mediática convencional colombiana se ganan su plata haciendo mandados, redactando titulares amarillistas, leyendo sueltos que buscan indisponer y engañar a la opinión pública. Su trabajo consiste en darle voz a los partidos de oposición (Centro Democrático, Cambio Radical, Partido Liberal, entre otros) para convertirlos en víctimas o caudillos creando noticias apenas con la impresión o expresión lastimera de sus opiniones, que al cabo de los días se convierten en falacias.

Hoy a los reporteros de medios no se les exige reportería, búsqueda de fuentes y humanas y documentales, contraste de opiniones ni escarbar datos y cifras reales para sustentar sus historias o afirmaciones; y la tarea más básica para todo periodista: saber escribir y redactar bien para presentar sus contenidos se la pasan por la faja escudándose en la inmediatez del chisme del día.

Para seguir con más ejemplos de la irresponsabilidad de los medios y sus ‘periodistas’, está el caso de Juan Diego Alvira, de W Radio, quien señaló a la senadora María Fernanda Carrascal de querer “censurar a la prensa” debido a “un derecho de petición que Carrascal presentó a la Alcaldía de Bogotá, solicitando información sobre posibles convenios con medios de comunicación relacionados con las obras del Metro de Bogotá”. En este caso, la congresista ganó dicha tutela y el farandulero Alvira se tuvo que retractar de sus afirmaciones.

En esa misma línea de desinformación cayó Caracol Radio, a través de su programa La Luciérnaga, donde anunciaron el 31 de julio de 2024 la desaparición del Frailejón Ernesto Pérez, un personaje animado del Sistema de Medios Públicos, ante lo cual RTVC solicitó retractación por esa información falsa; de ahí que Caracol Radio tuvo que rectificar y afirmar en vivo que “por falta de investigación y no corroborar información cometieron un error”. ¡Acciones que deberían ser sancionadas con mayor rigor!

De otro lado, Noticias Caracol, uno de los noticieros más vistos en el país, tuvo que retractarse por la noticia que emitieron el fin de semana del 5 de julio de 2025 en la que afirmaban que el Gobierno tenía una deuda de 32 billones pesos con las EPS; la versión real era que esa cantidad de recursos se los adeudan las EPS a hospitales, clínicas y proveedores, según informe de la Contraloría General de la República. Ante este bochornoso falso informe, a Noticias Caracol le tocó invitar a la precandidata presidencial Carolina Corcho para que explicara la realidad y el presentador hizo la tarea de matizar esa retractación en la emisión en vivo mientras entrevistaba a la médica.

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Si en los medios nacionales llueve, en los regionales no escampa… El periódico El Colombiano, que en los últimos años se ha convertido en tribuna uribista y en pasquín de oposición, perdió una tutela impuesta por el Representante a la Cámara Alejandro Toro luego de que el medio publicara en julio de 2023 una nota titulada: “El congresista Alejandro Toro es un alumno fantasma del ‘Poli’ Jaime Isaza”. Según el congresista, sus estudios los adelantaba en el Politécnico Grancolombiano, lo cual le aclaró al periodista, pero en la redacción de la nota el reportero utilizó datos falsos y puso el nombre otra institución universitaria. El resultado: El Colombiano y su reportero quedaron en ridículo por cumplir con mandados de sus aliados politiqueros.

Injuria, calumnia, irresponsabilidad, falta de veracidad, imprecisión, contenidos incorrectos y tendenciosos, falsos cargos, señalamientos y muchos más vicios de comportamiento son los que agitan la agenda informativa en Colombia. La guerra por el clicbait, el amarillismo y el sensacionalismo para viralizar contenidos falaces son las características de los mercenarios de la información, quienes prefieren la monetización de los contenidos en vez de informar con responsabilidad y veracidad. ¡Y aún queda mucha tela por cortar…!

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