Del voto armado rural al control urbano: ¿Una estrategia electoral para 2026?

Por: John Alexander Rodríguez López - Comunicador Social, Periodista - jhonzio@gmail.com

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La reciente suspensión de las órdenes de captura contra 23 de los principales cabecillas de las bandas criminales de Medellín y el Valle de Aburrá no puede leerse simplemente como un trámite administrativo de la «Paz Total».

Para quienes siguen de cerca la dinámica del poder en los barrios, esto huele a una jugada maestra de ajedrez político con miras a las elecciones presidenciales.

¿Gesto de paz o movimiento estratégico?

Hay que ser claros: la suspensión de estas capturas no es un gesto de paz desinteresado; es un movimiento estratégico territorial.

El país está siendo testigo de una transición peligrosa: estamos pasando del voto armado rural —aquel que se ejerce bajo el fusil en las montañas— al voto armado urbano.

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En las ciudades, especialmente en Medellín, estas estructuras criminales no solo manejan rentas ilícitas; controlan barrios enteros, mueven masas de gente y, lo más preocupante, tienen la capacidad instalada para incidir directamente en los resultados de las urnas.

El espejo de las elecciones al Congreso

Para entender lo que se avecina, basta con mirar la votación al Congreso del Pacto Histórico: más de 2 millones de votos, se dieron en zonas (municipios) de alto riesgo, donde grupos narcoterroristas controlan el territorio sin presencia real del Estado.

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El modelo que funcionó en la ruralidad se está replicando ahora en las comunas. Se busca sumar el factor urbano con jefes criminales que, al no sentir la presión judicial, tienen vía libre para ‘orientar’ el voto en sus zonas de influencia.

Estamos advertidos

La estrategia parece estar calcada para las próximas presidenciales. Al retirar las órdenes de captura de los cabecillas vinculados a la «mesa de paz urbana» en Itagüí, se les devuelve un protagonismo que trasciende lo social.

Sin el asedio de la Fiscalía, estos líderes recuperan una capacidad de maniobra política que podría ser determinante para inclinar la balanza en los centros urbanos más poblados del país.

El control de los barrios ya no es solo por el microtráfico o la extorsión; ahora parece ser por la geopolítica electoral.

La advertencia está sobre la mesa: el riesgo de un «constreñimiento al elector» en las ciudades es más real que nunca.

Estamos más que advertidos.

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