Parece que el Rock & Roll Hall of Fame (RRHOF) ha decidido que «Rock» es hoy un término paraguas donde cabe cualquier artista con ventas masivas, ignorando las raíces del género, incluso a los que tocan instrumentos. La indignación no es gratuita: se prioriza a baladistas pop sobre bandas que definieron el sonido de estadios.
El choque entre legados y cifras
Lo que resulta desconcertante es la insistencia en equiparar trayectorias que no juegan en la misma liga sonora. Este año, la disparidad es evidente: Iron Maiden, banda inglesa con más de 100 millones de discos vendidos, 40 años de carrera ininterrumpida y los arquitectos del New Wave del British Heavy Metal, vuelven a quedar nominados en el limbo frente a otros géneros. A su vez, New Edition, un grupo de R&B cuyo impacto fue real en el pop de los 80, pero cuya relación con el Rock es nula, salvo por compartir —irónicamente— las tres primeras letras del nombre de la mascota de Maiden, «Eddie».
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¿Inclusión o dilución del género?
John Sykes, presidente de la Fundación, justifica estas decisiones bajo el lema de la «evolución constante y el impacto en la cultura juvenil». Sin embargo, los críticos vemos esto como una estrategia comercial para atraer audiencias más jóvenes y diversas ante la caída de las ventas físicas y de credibilidad.
La inclusión de figuras populares como Shakira (con más de 95 millones de discos vendidos) o de Mariah Carey (la solista con más números uno en el Billboard Hot 100, con 19 éxitos) en categorías ligadas al «Rock» resulta, cuanto menos, provocadora y una prueba de eficiencia y alcance, más que de pertinencia. Sin embargo, el panel de votación del sitio demuestra (HOY) que sus fans son los que menos votan, y ponen a Shakira de última en el ranking (con 15.000 votos hasta ahora), liderados por Phil Collins con 67.809 hasta la fecha.
El dato: Según una auditoría histórica de las inducciones, el Heavy Metal representa menos del 5% de los honorables miembros del Salón, a pesar de ser uno de los géneros más rentables y con la base de fans más leal de la historia. Tal vez, con eso es suficiente a la hora de medir «fama» en el Rock and Roll.
El estridente debate de la «Muerte del Rock»
Esta apertura extrema termina por darle oxígeno a posturas radicales como las de Gene Simmons (bajista de KISS), quien afirma categóricamente que «el Rock está muerto». Simmons argumenta asertivamente que la falta de apoyo de las disqueras y la inclusión de géneros como el Rap o el Pop en el Salón de la Fama diluyen la identidad del movimiento. Pero es un racista. Las críticas de Simmons a menudo rozan lo polémico —especialmente ante nominaciones de colectivos de Hip Hop como Wu-Tang Clan y Public Enemy. Y eso que no hemos mencionado a o bandas blandas de Rock en español como Maná (cuya nominación el año pasado fue vista por muchos como un gesto de «diversidad forzada» más que un reconocimiento a su leve peso en la historia del Rock global)—, pero ponen sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Si todo es Rock, entonces qué nos diferenció todas estas décadas?





