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La guerra del sintetizador de 1982 | Pódcast

Por: Gabriel Posada - Transformación Digital & Contenido - @GabrielPosada

En 1982, el Sindicato de Músicos del Reino Unido tomó una decisión que hoy suena a guión de ciencia ficción: intentar prohibir el uso de sintetizadores, cajas de ritmos y secuenciadores en conciertos y grabaciones.

Ante el imparable auge del synth-pop, la organización vio en los cables y circuitos una amenaza existencial para el empleo de sus afiliados, y aprobó mociones que, vistas con perspectiva, resultan casi absurdas. Cualquier tecnología que pudiera «reemplazar» a un músico humano quedaba, en teoría, vetada. Un recordatorio histórico de que el miedo a la automatización no es nuevo… y de que el progreso musical no se frena con decretos.

Irónicamente, los instrumentos que el sindicato intentó suprimir demostraron ser pésimos para replicar orquestas reales. Pero resultaron extraordinarios para crear texturas sonoras que jamás habían existido. En lugar de destruir la industria, esa naciente tecnología sentó las bases de géneros que definirían las décadas siguientes: el synth-pop, el house, el techno y el Hip-Hop. El Sindicato de Músicos del Reino Unido acabó modernizando su enfoque y abandonó su postura hostil. Para 1985, ya no había vuelta atrás: los Premios Grammy celebraron la revolución electrónica con un momento que quedaría grabado en la historia.

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Aquella noche, Stevie Wonder, Herbie Hancock, Howard Jones y Thomas Dolby compartieron escenario en el legendario «Synthesizer Medley», una actuación monumental que demostró que la tecnología electrónica no estaba reemplazando a los músicos, sino ampliando su paleta sonora. La música ganaba en portabilidad, en recursos y, sobre todo, en democracia sonora.

Por supuesto, el romance del instrumento clásico nunca morirá. Siempre habrá público dispuesto a pagar por ver a músicos sudar el alma en un escenario, y productores con presupuesto para grabarlos. Pero aquella cruzada anti tecnológica de 1982 parece, hoy, un berrinche apresurado. Pura resistencia al cambio. Y viendo cómo están las cosas, no le digamos a ningún sindicato que estamos en medio de otra revolución histórica. Esta vez, con inteligencia artificial.

Porque los números son contundentes. En enero de 2024, la música generada por IA representaba menos del 1% de los nuevos lanzamientos semanales en Spotify. En noviembre de 2025, este porcentaje ya superaba el preocupante 40%. Investigadores de la Universidad de Chicago cruzaron metadatos de Spotify con las etiquetas de IA que aplica Deezer —la única plataforma que detecta y etiqueta públicamente este tipo de contenido— e identificaron más de 40 millones de canciones como generadas por IA. Hoy, ese repertorio ocupa ya más del 5% del catálogo total de Spotify, una plataforma con 750 millones de usuarios. Y el ritmo de crecimiento sugiere que en 2026 los lanzamientos de IA habrán superado en volumen a los de música humana.

La historia, como el sintetizador, no deja de sonar. Y quienes intentan apagarla, suelen quedarse sin batería.

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