Soy Cata Echeverri. El domingo pasado terminó la primera etapa de un camino que comencé atendiendo al llamado que Dios me hizo a incursionar en el campo misional de la política, como candidata a la Cámara de Representantes por Antioquia. Atrás quedó el #115 del Partido del León.
Tuve la oportunidad de hacer una campaña diferente: Creo que entre las más baratas de la historia. Sin comprar un solo voto. Sin promesas fantasiosas. Sin transportar a nadie. Sin refrigerios. Sin maquinaria ni padrinos políticos. A punta de tarjetas entregadas en los semáforos, presentándomele a la gente. Con el voz a voz de los amigos y familiares aplicando aquello de que «los amigos de mis amigos son mis amigos».
Hice una campaña limpia, honesta, verdaderamente austera, de cara al ciudadano y dejé un impacto positivo en el camino.
En esas condiciones, en tan solo 2 meses, logré que más de 2000 personas se atrevieran a votar por el cambio que soñamos y me consideraran como la correcta opción.
A la pregunta constante de cómo me fue, la respuesta es: ¡Sin curul, pero ganadora!
No fue fácil salir del anonimato en tan poco tiempo, pero en el proceso de lograrlo aprendí bastante. Escuchar cada historia me llevó a ver la realidad desde perspectivas distintas. Pude llevar esperanza a quienes piensan que todo está perdido. Pude generar reflexión en quienes quieren acabar con la corrupción, pero preguntan «¿qué me da si voto por usted?» Ante el comentario de que «una golondrina no hace verano», concluí que prefiero ser golondrina solitaria trabajando por Colombia que hacer parte del montón de indiferentes que sólo critican. Confirmé que las convicciones tienen que estar por encima de las estrategias. Frente a la logística del «Día D» cuestioné el que, si a fútbol y a conciertos la gente va por sus propios medios, no entiendo por qué para ejercer su derecho al voto hay que transportarlos y, además, darles refrigerio, por lo tanto, mis electores se desplazaron por sus propios medios para dar un voto a conciencia. Confirmé que hacer las cosas bien en la vida, produce buenos frutos.
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En fin, el aprendizaje ha sido inmenso. Tal vez vuelva a presentarme en una contienda electoral, no lo sé, lo que sí sé es que se puede hacer política de manera diferente, o sea que lo malo no es la política en sí, lo malo es cómo se ejerce. Por ahí leí: «como te presupuestas, gobiernas» y ese puede ser un buen punto para empezar el análisis, basta con ver el mar de publicidad en vallas y pasacalles y el gentío con bombas y toda la parafernalia repartiendo volantes para hacer cuentas y pensar que el derroche es tanto que, de alguna manera, habrá que recuperar esa platica.
Espero seguir trabajando por Colombia desde donde Dios me requiera y si algún día vuelvo a ser candidata, quiero volver a hacer una campaña diferente, obviamente, aplicando muchos de los conocimientos adquiridos esta vez, pero con la misma honestidad, austeridad, transparencia y cercanía a la gente.
Muchas gracias a Dios y a quienes sumaron votos y esfuerzo para hacer posible este triunfo que no se mide con una curul. La satisfacción es total y estoy lista para continuar por el camino que apenas comienza.




