¿Alguna vez ha comprado un electrodoméstico y ha intentado usarlo siguiendo únicamente su instinto? Seguramente habrá llegado a un punto en el que la duda acerca de cómo funciona, cómo se arma o para qué más sirve lo habrá llevado a buscar el manual de instrucciones y, tal vez, usted se ha tenido que sentar concentrado a leer aquel folletico de letra pequeña hasta encontrar la parte en la que le dan respuesta a su inquietud para proceder al uso de su nuevo artículo como debe ser.
Resulta que como habitantes de un país también tenemos un manual de instrucciones al que debiéramos acudir con mucha mayor frecuencia de la que lo hacemos; me atrevo a afirmar que muchos han preferido seguir su instinto, su sentido común o apelar a las mayorías y pensar que lo están haciendo bien simplemente porque “no le hacen mal a nadie”.
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Lamentablemente, el desconocimiento de nuestra Constitución Política de 1991 nos pone en una situación de desventaja toda vez que, además de no hacer uso de nuestros derechos como podríamos, nos llevaal incumplimiento de obligaciones sin darnos cuenta y, como si fuera poco, vamos imponiendo exigencias frente a entidades o sujetos que ni siquiera tienen relación con nuestro pedido.
Todos sabemos que “el desconocimiento de la Ley no excluye de responsabilidad”, pero la realidad nos muestra que poco nos interesamos en conocer la norma que delimita nuestro actuar. La opinión de la mayoría se torna en argumento de autoridad y vamos siendo imitadores de Vicente, el que va para donde va la gente. ¿Y qué tal que Vicente vaya para el lado equivocado?
Sin necesidad de ir muy lejos, basta con observar el comportamiento de tantos jóvenes que el año pasado participaronen un paro sin tener argumentos propios que les permitieran, realmente, defender causas loables. Muchos de ellos actuaron bajo el efecto de la mayoría y estimulados por la desinformación de quienes con verdades a medias o con mentiras completas se adueñaron de sus voluntades para que, con promesas mediáticas, desplegaran unos comportamientos que iban en franca contravía de la Constitución, generando consecuencias nefastas para el país.
El artículo 41 de nuestra Carta Política, expresa:“En todas las instituciones de educación, oficiales o privadas, serán obligatorios el estudio de la Constitución y la instrucción cívica…”.
Los hechos nos demuestran que esa sola norma contenida en el manual de instrucciones no se está cumpliendo o se está cumpliendo de manera inadecuada, de ahí que los jóvenes anden desorientados exigiendo derechos sin tener en cuenta que todo derecho conlleva una obligación y, algunos de ellos, pretendiendo asumir responsabilidades en el gobierno sin ni siquiera estar identificados con los principios fundamentales en los cuales se enmarca nuestro Estado Social de Derecho.
Los invito, entonces, a que, como habitantes del país nos interesemos en conocer la Constitución para que antes de exigir nos aseguremos de que, efectivamente, sí tenemos el derecho; antes de pretender reformas en la estructura del Estado, veamos si las mismas son factibles por la vía en que se están proponiendo y antes de elegir gobernantes tengamos claros los roles que van a cumplir.Recordemos, un pueblo perece por falta de conocimiento.
En mi caso, como abogada, he tenido la oportunidad de conocer y estudiar la Constitución colombiana, la cual será el norte de la labor que espero desempeñar en la Cámara de Representantes para lo cual los animo a votar 115 en la coalición del partido Colombia Justa Libres.




