Con sorpresa, por decir lo menos, escucho a mucha gente diciendo a boca llena que, en la segunda vuelta, votará en blanco porque ninguno de los dos candidatos lo representa y, lo que es peor, invitando a otros a seguir semejante idea.
Quisiera pensar que se trata de desconocimiento respecto del efecto del voto en blanco en esta etapa del proceso electoral y, por ello, trataré de explicarlo de manera sencilla.
El voto en blanco, según la Sentencia C-490 de 2011, es “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos”.
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En primera vuelta, la opción del voto en blanco se comporta como si se tratara de otro candidato y se contabiliza de manera independiente, de tal suerte que si logra mayoría absoluta de votos (50%+1) dará lugar a la inscripción de nuevos candidatos para repetir la elección. Creo que este es el sueño de más de uno que quisiera dejar de ver, en cada contienda electoral, a los mismos candidatos de siempre, pero lo cierto es que con una baraja tan amplia como la que manejamos en Colombia, difícilmente se logrará sacar la mayoría exigida.
En segunda vuelta, el efecto es diferente: Habiéndose atendido a la voluntad popular que, por mayoría, escogió dos candidatos para que disputen entre ellos el cargo a proveer, el voto en blanco no es más que la expresión de disentimiento o inconformidad, pero no hará que las opciones de candidatos sean cambiadas. En caso de ganar el voto en blanco, el candidato ganador será aquel que haya obtenido mayor cantidad de votos.
En cualquier caso, aclaro, es falsa aquella creencia popular de que el voto en blanco se le suma al candidato que obtenga mayor votación.
Toda esta introducción para invitar a la reflexión: Ya no es momento de apegarnos a principios y convicciones. Hemos dicho que el voto expresivo o por convicción se da en la primera vuelta; en la segunda vuelta tenemos que votar por estrategia: Hoy tenemos dos opciones. Indefectiblemente, uno de ellos será nuestro Presidente, al menos, por los próximos cuatro años, ¿cuál de los dos considero mejor opción desde todos los puntos de vista? Y esta pregunta se responde comparándolos a ellos dos, no tiene sentido empezar a pensar en lo que pudo ser y no fue, la voluntad popular decidió que fueran ellos, así que, si su candidato no pasó, por favor, olvídelo y evalúe lo que tiene que está vigente hoy. Pregúntese: ¿Cuál de las dos propuestas beneficia más la estabilidad económica, política y social del país? ¿Cuál de las dos propuestas traerá un cambio que lleve al país a ser mejor de lo que hoy es por apoyar la libertad de empresa y el libre mercado? ¿Cuál de las dos propuestas ofrece tranquilidad en temas pensionales para las personas que ya alcanzaron su jubilación y para aquellos que tienen la expectativa de alcanzarla? ¿Cuál de las dos propuestas se evidencia más realista y cumplible en términos generales?
En cuanto a las calidades personales de los candidatos, también vale la pena preguntarse: ¿Cómo ha sido el pasado en la esfera privada de cada uno de ellos? ¿Cómo ha sido el desempeño de cada uno de ellos en los cargos públicos que ha ejercido? ¿Qué investigaciones, evidencias o hechos notorios que no exigen prueba, se tienen de cada uno de ellos por temas de corrupción? ¿Qué personajes los rodean, por aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres?… En fin, hágase preguntas y, en el peor de los casos, elija, de dos males, el menos malo.
Votar en blanco, en segunda vuelta, es botar el voto. Su inconformidad será un canto a la bandera y, por el contrario, podría llevar a que el resultado final de la jornada termine dándole ventaja al candidato “más malo”. No asuma esa posición “neutral”, comprométase y vote por alguien. Cualquiera de las dos opciones implica un cambio, usted decide qué clase de cambio quiere para el futuro del país.
Pensemos en Colombia. Necesitamos cuidar la democracia y garantizar que, en cuatro años, podamos volver a salir a las urnas para elegir un nuevo Presidente.
Yo me atrevo a decirle no al voto en blanco.






