El autobús salió a las 2 de la madrugada y aproveché para dormir toda la noche, lo que no había podido hacer en Salamanca.
Desperté a las 8 de la mañana, mientras cruzábamos un río. El sol apenas iba asomándose. A las 9.07 arribamos a la terminal de Santiago de Compostela, justo el día del Patrono de España, el 25 de julio. Hinqué mi rodilla derecha al descender del autobús, conocedor de la trascendencia de esta bendita tierra. El cielo estaba cubierto de nubes y el ambiente lo percibí monacal. Tomé mi móvil, ingresé la dirección del hotel reservado y comencé a caminar hacia la Rúa do Hórreo.
Santiago de Zebedeo es uno de los apóstoles más destacados de Jesús de Nazaret. Conocido en la tradición cristiana como Santiago el Mayor para distinguirlo de otro miembro del grupo de los doce, Santiago el Menor. Nacido en Betsaida (Galilea), hijo de Zebedeo y Salomé, hermano de Juan. Santiago de Zebedeo pertenecía al llamado «círculo de dilectos» de Jesús que estuvo con él en ocasiones especiales: en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración y en el huerto de Getsemaní, donde Jesús se retiró a orar en agonía ante la perspectiva de su pasión y muerte. También fue testigo privilegiado de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el mar de Tiberíades. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Pentecostés encontró a Santiago en espera orante, siempre como uno de los máximos referentes de la primera comunidad cristiana, junto con Simón Pedro y Juan. Murió a manos de Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era. Es el patrono de España.
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Santiago de Compostela es la capital de la comunidad autónoma de Galicia. Pertenece a la provincia de La Coruña y en ella tienen su sede el gobierno autonómico gallego y el Parlamento de Galicia. La ciudad antigua de Santiago es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1985. Destaca por ser uno de los tres grandes núcleos de peregrinación del cristianismo, junto con Jerusalén y Roma, al señalar la tradición que allí se dio sepultura al apóstol Santiago el Mayor. De especial importancia artística es su catedral, dedicada precisamente al apóstol Santiago, y que es el destino de los cientos de miles de peregrinos de todo el mundo que cada año realizan el Camino de Santiago.
El Camino de Santiago es un conjunto de rutas de peregrinación cristiana de origen medieval que se dirigen a la tumba de Santiago el Mayor, descubierta en el siglo IX entre los restos de un asentamiento romano abandonado y sobre la que se construyó un templo que fue ampliado hasta convertirse en la actual catedral de Santiago de Compostela. El Camino de Santiago está sembrado de numerosas manifestaciones de fervor, de arrepentimiento, de hospitalidad, de arte y de cultura, que nos habla de manera elocuente de las profundas raíces espirituales del Viejo Continente.
A las 9.24 llegué al Hostal, situado en una bella edificación de finales del siglo XIX frente a la plaza de Galicia. Aún no era la hora de ingreso, pero una amable y joven señora venezolana me permitió dejar mi equipaje, lavarme la cara, cambiarme de ropa y tomar un café antes de dirigirme a la Catedral. El suelo de madera, las paredes con algunas piezas de arte, los ventanales del comedor con vistas a la plaza y una pareja de argentinos que estaban desayunando, me hicieron sentir en casa. Eran las 10.10 cuando estaba atravesando una de las estrechas callejuelas de la ciudad antigua. A las 10.15 ya estaba intentando ingresar a la Catedral, pero cientos de miles de peregrinos me llevaban ventaja, incluso desde hacía dos noches, según me enteré. Deambulando por los alrededores del imponente templo hallé una placa dedicada “A los héroes del batallón literario…”.
Según la leyenda, el Apóstol Santiago el Mayor difundió el cristianismo en la península ibérica. En el año 44 fue decapitado en Jerusalén y sus restos fueron trasladados posteriormente a Galicia en una barca de piedra. A raíz de las persecuciones romanas de los cristianos de Hispania, su tumba fue abandonada en el siglo III. Esta tumba fue descubierta en torno al año 814 por el ermitaño Pelayo después de ver unas luces extrañas en el cielo nocturno. El obispo Teodomiro de Iria reconoció este hecho como un milagro e informó al rey Alfonso II de Asturias; el rey ordenó la construcción de una capilla en el lugar. Dice la leyenda que el rey se convirtió en el primer peregrino en este santuario. Esta capilla fue seguida por una primera iglesia el año 829 y posteriormente por una iglesia prerrománica el 899, construida por orden del rey Alfonso III, convirtiéndose gradualmente en un importante lugar de peregrinaje. En el año 997 esta iglesia primitiva fue reducida a cenizas por Almanzor, comandante del ejército del califa de Córdoba. Las puertas y las campanas de la iglesia, portadas a hombros por cautivos cristianos hasta Córdoba, se añadieron a la mezquita aljama. Cuando Córdoba fue tomada por el rey Fernando III de Castilla en 1236, estas mismas puertas y campanas fueron transportadas por prisioneros musulmanes y se incluyeron en la Catedral de Santa María de Toledo.
La construcción de la Santa Apostólica y Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Compostela se inició en 1075 bajo el reinado de Alfonso VI y el patrocinio del obispo Diego Peláez. La iglesia se convierte en sede episcopal en 1075 y, en buena medida gracias a las gestiones del obispo Diego Gelmírez y a su creciente importancia como lugar de peregrinación, Calixto II la consolida como sede arzobispal en 1120. La construcción se detuvo en distintas ocasiones y su última piedra fue colocada en 1122. Los arquitectos fueron Bernardo el viejo, su ayudante Galperinus Robertus y, más tarde, Esteban, maestro de catedrales. La última etapa de construcción comienza en 1168 en manos del maestro Mateo y es definitivamente consagrada en abril de 1211, por el arzobispo Pedro Muñiz, en presencia del rey Alfonso IX y su hijo, además de numerosas autoridades eclesiásticas y civiles.
La Catedral de Santiago de Compostela fue determinante para que los reinos hispánicos medievales participaran en los movimientos culturales de la época. Un privilegio concedido hace 900 años, en 1122, por el papa Calixto II declaró que serían «Año Santo» o «Año Jubilar» en Compostela todos los años en que el día 25 de julio, día de Santiago, coincidieran en domingo; este privilegio fue confirmado por el papa Alejandro III en su bula Regis aeterni en 1179. ¡Dios es grande y misericordioso porque estábamos en domingo!
La Santa Catedral fue declarada Bien de Interés Cultural en 1896 y la ciudad vieja de Santiago de Compostela, que se concentra en torno a la catedral, fue declarada bien cultural Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985. En 2015, en la aprobación por la Unesco de la ampliación del Camino de Santiago en España a «Caminos de Santiago de Compostela: Camino francés y Caminos del Norte de España», fue incluido como uno de los bienes individuales.
Caminando me enteré de que a las 11 de la mañana comenzarían los actos oficiales con la augusta presencia de Sus Majestades Los Reyes, de la Princesa Leonor y de la Infanta Sofía. Aunque la entrada a la Catedral no era fácil, no podía estar mi corazón más emocionado. Justo a las 10.46 me tomé una foto ante la placa del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, otorgado en el 2004 al Camino de Santiago, “como lugar de peregrinación y de encuentro entre personas y pueblos que, a través de los siglos, se convirtió en símbolo de fraternidad y vertebrador de una conciencia europea”. Tomé algunas fotos en la emblemática Plaza del Obradoiro antes de que la seguridad del Estado nos sugiriera retirarnos. A las 11 en punto sonaron los acordes del Himno de España y mi alma encontró su sitio. La Familia Real otorgaba a todos los presentes una distinción y dignidad únicas en el día del Patrono de todos los españoles, de uno y otro lado de la mar.
A las 11.15 me comí un helado, luego fui a una plaza contigua donde se organizaba un desatinado e inoportuno acto político. Hasta allí llegaron unos amantes de la Hispanidad y entre ellos grité un emocionado “¡Viva España y Viva El Rey!”. Al mediodía me regresé al Hostal con la esperanza de ver la transmisión de la Solemne Eucaristía por el canal de youtube de la televisión gallega. Llegué a mi habitación, me puse los audífonos y fue como si ingresara, en primera fila, a los actos religiosos en honor de nuestro Patrono. A las 5 de la tarde salí con la intención de comer. Tuve el honor de encontrar una mesa en un sitio prodigioso situado diagonal a la Plaza, interactuar con algunos caminantes y deleitarme con un exquisito pescado de la región. Me impresionaron la amabilidad en el trato, la simpatía de los transeúntes, incluso su sentido del humor. A las 6.30 estaba frente a la Iglesia de San Martín, viendo un arreglo floral digno de la fecha. Volví a la habitación a las 7 de la tarde y a las 10.30 contemplé el ocaso desde la ventana. Mi primera noche en Santiago fue apenas una invitación para volver. Dios lo permita. El camino es infinito.




