¡Oh libertad…! Solo dos palabras, dos palabras en las que miles de hombres y mujeres, ricos y pobres, blancos, negros, indígenas y mestizos nos hacemos uno; dos palabras que cantamos a grito herido en los estadios y que salen como bocanada de aire hirviente desde lo más profundo del ser de millones de montañeros orgullosos, dignos y poderosos.
Y es que no es cuestión de suerte como algunos creen, ¡sí que nos ha costado! Nos costó la sangre, el dolor y las lágrimas de nuestros ancestros, que se pararon de frente a sus amos y prefirieron llevar el hierro entre sus manos y no en el cuello.
Hoy quiero hablar directo ante el peligro que enfrenta nuestra libertad. Y es que, como siempre, las promesas de «igualdad», «solidaridad» y «progresismo» seducen a millones de los hijos de esta Antioquia que amamos. No los culpo, justamente esos ideales nos llevaron, en un principio, a buscar nuestra libertad y no debemos desfallecer en esa motivación, pero hoy algunos personajes con intensiones tan oscuras como su pasado y su alma, nos los prometen a cambio de nuestra “libertad”, y no es verdad, ¡nos quieren engañar!
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No se acaba la pobreza eliminando las alternativas de construir riqueza con trabajo y talento sino, por el contrario, creándolas.
No se educa mejor a nuestros hijos eliminando alternativas educativas sino, por el contrario, creándolas.
No se cuidan nuestros ahorros eliminando las alternativas de inversión sino, por el contrario, creándolas.
No se garantiza la salud eliminando alternativas a su administración sino, por el contrario, creándolas.
Y es que tener todas las alternativas es, en sí, la esencia misma de la libertad.
Te invito a pensar muy bien antes de elegir a nuestro próximo presidente. Pregúntate: “¿Sus políticas y propuestas me darán más o menos alternativas?” o lo que es lo mismo, “¿me harán más o menos libre?”
Vota siempre por aquel que te ofrezca la libertad, no el libertinaje, es decir, aquel que, además, deje a salvo los principios, la moral y las buenas costumbres, para que podamos seguir gritando con alma, vida y sombrero, al menos por cuatro años más, ¡Oh libertad!





