La costumbre de comprar ropa usada existe con fuerza en otros países y, hasta hace poco, en Colombia era una alternativa mal vista y se asociaba con estigmas negativos relacionados con el estatus y la higiene.
Según la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, en el Valle de Aburrá los establecimientos de comercio dedicados a la venta de ropa de segunda mano han registrado crecimientos hasta del 40 % y se estima que continuará subiendo.
El comercio de la ropa usada nacional no está prohibido y la industria textil considera que este comercio no afecta la producción nacional ya que está dirigido hacia las clases menos favorecidas, lo que no ocurre con la ropa usada importada desde Estados Unidos, Canadá, Asia y Europa que se ha convertido en una tendencia para un público de estratos medios y altos.
Aunque el Gobierno no autoriza la importación de ropa usada, esta modalidad de contrabando es una competencia desleal con los comerciantes y distribuidores de ropa formalizados y, adicionalmente, en algunos casos puede darse “dumping”, una práctica comercial que consiste en vender un producto por debajo de su precio normal o, incluso, por debajo de su costo de producción.
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