Los colombianos leemos poco, aun cuando el indicador de cuántos libros leemos por año va en aumento. Las últimas cifras publicadas por la Cámara Colombiana del Libro en abril de este año, indican que el promedio pasó de 2,7 libros en el 2017 a 3,75 libros en el 2023, y entre las causas para dicho aumento se puede contar con las restricciones de movilidad durante la pandemia, periodo en el que muchas personas se vieron motivadas a pasar los días sumergidos en la lectura, para lograr, así fuera solo en su mente, salir de las paredes de su casa.
Si lo miramos por dedicación, hay lectores de todo tipo. Hay unos “apáticos” que se limitan a leer solo aquello que sea estrictamente necesario, y no experimentan ningún goce con ello. Hay otros que podríamos llamar “ocasionales”, que de vez en cuando se dejan cautivar y que no se sabe cuándo será la próxima vez. Estamos los lectores “rutinarios” que buscamos llevar un patrón en la intensidad de nuestras lecturas, sea por minutos o páginas al día, o de libros a la semana o por mes. Y existen los verdaderos “ratones de biblioteca”, auténticos devoralibros que el resto de los mortales no logramos entender cómo hacen, y siempre están inmersos en uno, dos o más libros.
Para la construcción del hábito de la lectura, el ejemplo en casa es sumamente valioso, pero el papel de los colegios es innegable, al ser el trabajo escolar la única razón para que muchos niños y adolescentes lean algo más allá de un titular o un mensaje, en un mundo de redes sociales en los que la comunicación escrita parece algo anacrónico y lo audiovisual es lo que marca la parada. Es en este contexto donde los profesores deben ser cuidadosos y estratégicos a la hora de recomendar lecturas o asignar trabajos sobre libros específicos, porque en lugar de sembrar la semilla del gusto por la lectura en sus estudiantes, pueden terminar por hacer todo lo contrario, y alejarlos de cualquier cosa escrita.
La dificultad de algunos maestros para seducir a los jóvenes por el camino de la lectura a veces está enmarcada por sus propias limitantes, y no porque se trate de un problema de actualidad por la omnipresencia de internet y del mundo digital. Quiero compartir dos experiencias personales que tienen casi treinta años de diferencia.
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El primer caso es del año 1996, yo cursaba segundo de primaria, era un muchachito de siete años y apenas había aprendido a leer, y la profesora de turno nos puso a leer El Viejo y el Mar de Hemingway.
Ella seguramente lo único que pensó es que se trataba de una novela corta y que estos niños pequeñitos la podríamos terminar, pero no tuvo en cuenta el vocabulario presente en la novela, ni lo poco cautivadora que es esa obra para un niño pequeño, y mucho menos la profundidad, la temática, ni los conceptos existenciales que el autor trata en la obra, total que ese libro no lo terminé de leer sino veinticinco años después, en un momento de la vida, en que ya estaba preparado para leerlo, entenderlo y disfrutarlo.
El segundo caso es de mi hermana, una profesora acaba de asignarle realizar una reseña de la novela La Regenta de Leopoldo Alas. Suena muy normal, la cuestión es, que se trata de un libro de casi setecientas páginas, mi hermana está en grado once y está a menos de dos meses de graduarse del colegio, es un libro muy extenso teniendo en cuenta el tiempo disponible, aun para mi hermana que está en camino de volverse un ratón de biblioteca.
Ustedes qué creen que van a hacer esos muchachos con ese trabajo si es que se deciden a presentar la dichosa reseña, probablemente la van a buscar hecha o se la van a pedir a ChatGPT.
Ese trabajo va a servir para dos cosas, para que fortalezcan el manejo de herramientas digitales y de IA, y para que le cojan pereza a la lectura. Es que hay unos profes que, por hacer bonito, hacen feo.
Cada libro en su momento adecuado. Leer es una habilidad que se fortalece con la práctica, y por este motivo, no siempre vamos a estar listos para alguna lectura específica, si no hasta que nosotros mismos como personas hayamos alcanzado un nuevo nivel.
Leamos, leamos mucho e invitemos a leer a todo al que podamos, no importa el formato si es físico o digital, o el género que le funcione, académico, periodístico, narrativo, el que sea, pero que lea. Leamos por salud social, citando al escritor español Jesús Cintora: “Una sociedad que lee, que conoce, es más fuerte, más activa, menos dada al letargo y a que le tomen el pelo”.




