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No rompa su familia por defender a un político

Por: John Alexander Rodríguez López, Comunicador Social - Periodista, jhonzio@gmail.com

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Mientras en las calles el volumen del odio sube a niveles insoportables y los gritos de «¡Uribe paraco!» se estrellan de frente contra los de «¡Petro guerrillero!», la sociedad colombiana se sigue desangrando en un choque inútil de insultos.

La polarización se convirtió en el plato fuerte del día a día, erosionando la convivencia y convirtiendo cada mesa familiar o grupo de amigos en un campo de batalla ideológico.

Pero mientras los ciudadanos del común se destruyen entre sí en redes sociales y reuniones familiares, tras bambalinas la historia es completamente distinta.

En contexto: Con la ayuda de Petro y el Pacto Histórico, el Centro Democrático gana la presidencia del Senado

Aquellos líderes que en los micrófonos y en las paletras públicas se muestran como enemigos irreconciliables, no dudan en sentarse a la misma mesa, estrecharse la mano y pactar alianzas cuando la coyuntura política y sus propios intereses así lo exigen.

La lección que nos deja este espectáculo es tan obvia como dolorosa: no permita que lo manipulen al punto de fracturar sus afectos. Los políticos cambian de discurso, recalibran sus estrategias y estrenan aliados según sople el viento electoral.

Ellos acomodan sus fichas y siguen adelante; usted, en cambio, es quien se queda solo pagando el costo emocional y social de esa división.

Entregarle la conciencia a un líder es el peor negocio democrático. A la política no se le rinde culto ni se le regala la paz mental; se le cuestiona, se le exige y se le demandan resultados.

Ningún personaje de la palestra pública, sin importar el color de su bandera, merece que usted sacrifique a su gente por salir a defenderlo.

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