«No hay negocio como el negocio del entretenimiento», dice el viejo adagio, pero a veces, ese negocio esconde una vida profundamente triste. Al recorrer la trayectoria de Michael Jackson como fan, es imposible no admirar al visionario que encendió los reflectores del mundo y redefinió el video musical como «películas cortas».
Sin embargo, tras el dominio absoluto de una década, yace la realidad de una niñez confiscada por un padre abusivo que explotó su talento sin tregua. Entender esa carencia de amigos reales y el nulo contacto con la realidad ayuda a comprender un poco los vacíos de un adulto atrapado en una distorsión de etapas sin resolver; un matiz que, si bien es humano, no borra los oscuros capítulos de abusos y límites cruzados que marcaron su historia.
Hablando de legados, resulta fascinante ver cómo las nuevas generaciones sucumben ante su magnetismo. Con más de 40 años a cuestas, «Thriller» sigue seduciendo a los más pequeños desde su armonía y ritmo. Sigue siendo pop en estado puro. En mi propia familia, somos cuatro generaciones unidas por su música: la historia comenzó conmigo en los años 80 y mi primer cassette, continuó con Juan José, siguió con mi sobrino Thomas y hoy la cierra Violeta asistiendo a la premiere de «Michael» absolutamente impactada. Ella, que desde los tres años pedía repetir una y otra vez el video de «Thriller», me acompañó esta noche a ver a su «artista favorito» en la gran pantalla, nadie más. Ella.
Una ambición de dimensiones globales
La película «Michael» intenta narrar con éxito la vida del Rey del Pop más allá de los hits. Recorre su camino desde el descubrimiento de su talento en los Jackson 5 —que lograron cuatro números uno consecutivos en Billboard en 1970— hasta su transformación en el artista cuya ambición creativa lo llevó a vender más de 400 millones de discos en todo el mundo.
La cinta, dirigida con pulso firme por Antoine Fuqua y escrita por John Logan, ofrece una perspectiva privilegiada. El casting es impecable: Jaafar Jackson no solo lleva el apellido, sino que utiliza el talento que corre por sus venas para calcar hasta la voz y los movimientos de su tío con una precisión asombrosa que permite olvidar por momentos que es una actuación. Para el fanático, la película es un festín de detalles: el vestuario, las coreografías y la recreación de conciertos icónicos son testimonio de una estética dominante de los 80 con una ingeniería de sonido y mezcla superior a cualquier cosa vista.
La tragedia griega detrás del Rey
Es importante acotar que esta es una historia para fans, no para detractores. La narrativa omite esos años dosmil donde su imagen se desmoronó ante los tabloides y la opinión pública. Aunque sitios como IMDb sugieren un recorrido hasta su fallecimiento en 2009, esta entrega cierra en la gira por el Reino Unido de 1988 (el legendario «Bad World Tour», que recaudó más de 125 millones de dólares y rompió récords de asistencia como sólo él los soñaba).
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Se anuncia que habrá continuación, y es lógico: para contar la historia de Michael Jackson se necesita una jornada extensa. Lo musical es un triunfo sin precedentes, pero lo familiar es una tragedia griega orquestada por Joseph Jackson hasta el último suspiro de su existencia. «Michael» es, al final, el prólogo necesario para entender dónde comenzó el mito y dónde se fracturó el hombre.




