Como abogada, en mis clases de Derecho de Personas aprendí, y posteriormente enseñé, que el nasciturus, es decir, el que está por nacer, si bien carece de personalidad jurídica entendida como la consideración que hace el Estado de que un sujeto pueda ser centro de imputaciones jurídicas con vocación de permanencia, goza de medidas de protección teniendo como fundamento el interés legal de preservar la existencia natural porque de ella depende la vida y por ello existe un principio universal que expresa: “el concebido se tiene por nacido para efectos de protección provisional”.
La Corte Constitucional, en Sentencia C-133 de 1994 afirmó que, si bien el no nacido no es persona, “tiene derecho a la vida ya que esa expectativa de vida encarna el valor fundamental, por la esperanza de su existencia como persona que representa y por su estado de indefensión manifiesto que requiere la especial protección del Estado”.
Jurídicamente, me sorprende pensar, como lo afirman algunos, que la reciente sentencia de la Corte Constitucional es “progreso”, no sólo porque es evidente la usurpación de funciones que la Corte ha venido haciendo al creerse legislador, sino además porque restringirle los derechos a quien los tenía a plenitud es, a todas luces, un retroceso, no un progreso.
Como mujer de fe, creyente en Dios, tengo claro que la vida solo le pertenece a Él y me encanta la forma en que lo expresa el Salmo 139:16: “Mi embrión vieron tus ojos”.
Nunca he estado de acuerdo con el aborto, ni siquiera bajo los argumentos que en el 2006 la Corte esbozó para determinar las tres causales con las cuales quienes hoy celebran la desafortunada decisión de la semana pasada, no tuvieron suficiente.
No puede ser que hoy, cuatro Magistrados y un Conjuez hayan decidido, raja tabla, convertir a Colombia en un país homicida de criaturas inocentes y alcahueta de conductas libertinas dando la opción de deshacerse de la consecuencia sin ningún problema.
No puede ser que como sociedad estemos dispuestos a tener mujeres afectadas emocional y sicológicamente por la decisión deliberada que les estamos permitiendo de matar al hijo de su vientre, en vez de ofrecerles alternativas y acompañamiento para asumir la maternidad como lo que es: un regalo de Dios.
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No puede ser que ni siquiera pensemos en el varón que contribuyó con el 50% en la concepción de ese hijo al cual se quiere eliminar. Me resisto a pensar que ningún hombre esté interesado en ser padre y que todos los hombres sean irresponsables frente a una paternidad inesperada. Creo, y espero no equivocarme, que hay quienes ante la noticia podrían decir como en aquella canción de Franco De Vita “bienvenido es el tercero entre los dos”.
Soy defensora de la vida desde la concepción. Necesitamos legislar en favor del que está por nacer respetando los tratados internacionales suscritos por Colombia. Necesitamos educar para evitar los embarazos no deseados. Necesitamos proveer acompañamiento para asumir la maternidad y la paternidad como debe ser. Necesitamos trabajar por la familia como el ambiente natural adecuado en el que deben nacer los hijos.
Los invito a apoyar mi candidatura a la Cámara de Representantes por Antioquia, votando #115 en la coalición del Partido Colombia Justa Libres (el del león) para que juntos defendamos el regalo más preciado, ¡la vida! desde la concepción.




