En muchas ciudades y poblaciones de Colombia la ‘vacuna’ se convirtió en un delito que hace parte del paisaje; para comerciantes formales e informales es un impuesto ilegal que deben pagar para salvar su integridad y salvaguardar su patrimonio; pagan esa cuota intimidados por combos que encuentran en el delito una fácil fuente de financiación.
Por: Mauricio Galeano Quiroz – Comunicador Social-Periodista – @maurosgal
Álvaro* es un hombre de más de 60 años de edad que hizo una carrera delictiva en el mundo del hampa en Medellín y en otras ciudades del país como Bogotá, Barranquilla y Cali. En ese mundo del crimen en el que ha sorteado decenas de atentados y ha salvado su pellejo en muchas ocasiones, su prontuario cuenta con delitos como asesinato, narcotráfico, fraude y estafa, soborno, secuestro, hurto y extorsión, ente otros.
De este último delito Álvaro dice que la extorsión o ‘vacuna’ se empezó a fortalecer en la ciudad de Medellín hace unos 20 años, pero que en los últimos 15 años (después de la extradición de los líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia a Estados Unidos en 2008) los combos han echado mano de esa herramienta delictiva para generar ingresos ilegales y sostener sus estructuras delictivas.
Álvaro es un hombre frío y calculador que, mientras fuma cigarrillo y se toma una cerveza, relata y describe el delito de la extorsión o ‘vacuna’ de una forma clara y explica con detalles cómo se ejecutan algunas de las modalidades que utilizan los delincuentes en Medellín.
¿Cómo se selecciona a la víctima?
Según Álvaro, en los barrios deprimidos o de clase baja y media, los clientes potenciales son todos los habitantes del sector que se dejen intimidar. Quienes tengan un negocio, una casa o un carro pueden ser objetivo de los extorsionistas que hacen parte de los diferentes combos de Medellín. “La persona que tenga una fuente de entrada y que uno sabe que le puede sacar unos pesitos, puede ser el cliente”, asegura Álvaro.
A las personas se les mandan “los muchachos” para que les hablen y les pidan una colaboración para el combo, y acuerdan a la fuerza con el extorsionado una tarifa semanal. “Si una persona es difícil, entonces se le envía gente de otros sectores (que pertenecen al combo) para que le roben en el ‘chuzo’ (negocio), le hagan un daño al carro, le atraquen a alguien de la familia o le quiten el celular. Lo que se busca es que la víctima tenga que ‘pedir cacao’ para brindarle protección”, dice.
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En el caso de los transportadores “¡todos saben que tienen que pagar!”, sentencia Álvaro. La estrategia es similar para los conductores de buses, colectivos y taxis. “Si está muy duro se le hace un daño al carro o se le manda a robar. Apenas desaparece el vehículo vienen a buscar ayuda al combo y se le cobra por recuperarlo una plata que va de tres a 10 millones de pesos, según el tipo de vehículo”, explica Álvaro. Después de esta lección criminal, la persona sabe que debe seguir pagando.
Álvaro ha sido integrante de combos mafiosos, de los paramilitares, ha trabajado con ‘traquetos’ y ha sido gatillero (sicario). En los últimos años ha integrado diferentes combos de Aranjuez, El Poblado, Laureles, y la Comuna 13. Su larga experiencia delincuencial le permite identificar y describir estrategias de extorsión muy utilizadas en Medellín y el área metropolitana en la última década.
Él asegura que así como ellos intimidan y extorsionan a la población en el centro o en los barrios de Medellín, a ellos la Policía también les cobra por dejarlos tener sus rentas ilegales “¡y la tajada que se comen es mayor si nos capturan en flagrancia a un integrante del combo!”.
* Nombre ficticio por solicitud de la fuente.




