Por: Juan Carlos Moreno Echeverry – @juancmorenoe – Comunicador Social – Periodista / Abogado Especialista en Gerencia de Mercadeo.
Así como la ética y los valores, el civismo es una práctica humana que determina nuestro desempeño en la sociedad, lo que permite enmarcar nuestro pensar, sentir y actuar, en acciones beneficiosas para la construcción de país. No se nace con él; se aprende, se enseña y se estampa en cada cosa que hacemos a lo largo de nuestras vidas.
Por definición, encontramos que el civismo, es el “Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.” Bajo este entendido, no es una competencia ciudadana que se pueda adquirir por decreto o simplemente participando de una jornada. Llevado a otro escenario y haciendo un simil, en el ámbito académico no se es un profesional integral, con el mero hecho de obtener un título que reposa en un cartón.
Gran parte de los problemas de una nación justamente son atribuibles a la falta de civismo, sentido de pertinencia y conciencia social. La ausencia de estos principios rectores en la cotidianeidad, propicia escenarios de vulneración de los derechos que nos asisten, así como del cumplimiento de nuestros deberes. Cuando se pierde el respeto por el deber ser y el buen hacer, no importa si se causa daño. Es aquí donde hay que recordar que los derechos no son absolutos; los tuyos van, hasta donde empiezan los de los demás. Cuando se pierden estos límites establecidos en la Constitución Política y en las normas, hay degradación social.
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Visto con enfoque ambiental, el civismo por su esencia y naturaleza, sí nos conlleva a ahorrar agua y proteger los recursos naturales, pero no en cumplimiento de un decreto. Es el mismo ser humano, acompañado por la familia desde que nace, quien decreta para su vida llevar un comportamiento ejemplar, respetuoso con los demás y por supuesto con el entorno.
Ahora bien, nada más cívico que trabajar y garantizar la prestación de los servicios que ofrece el Estado, para solucionar problemáticas sociales que no se resuelven con las oficinas cerradas y los funcionarios en cese de actividades.
Así como la ética y los valores, el civismo, no se materializa con una simple proclama. Así como la ética y los valores, el civismo se siente, se hace, se vive y se evidencia en nuestro correcto comportamiento individual y social.




