Siempre me enseñaron que el carácter se demostraba a la hora de tomar decisiones difíciles, a la hora de nadar contra la corriente o, simplemente, al momento de apartarse de la idea de que la mayoría tiene la razón cuando mis principios y convicciones me dicen lo contrario. Y es que en la vida muchas veces “Vicente”, al que sigue la gente, va rumbo al abismo, así que para salvar el pellejo se hará necesario transitar solo.
Viendo los últimos acontecimientos en la política colombiana, he pensado seriamente en una frase que siempre me ha gustado: “Defiende lo que es correcto, incluso si eso significa quedarte solo”. Suzy Kassem
Da tristeza ver la dinámica que han adoptado los partidos políticos gracias al desespero de quienes los conforman por lograr un espacio en el próximo gobierno. Parece que el síndrome de abstinencia de “mermelada” no aguantó más y todos están ansiosos por su “dosis personal”.
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No resulta lógico que un partido marcadamente de izquierda resulte ser el centro en el cual confluyen todas las ideologías partidistas de nuestro país dejando a un lado aquellos principios que un día sirvieron de fundamento para que los distintos partidos y movimientos políticos existieran.
Es lamentable que, ante el empalago de la oferta, la pregunta que surja sea “¿Quién ejercerá la oposición?” Y es que en una democracia es necesaria la confrontación de ideas, no desde el odio sino desde la argumentación, es imposible que, de un día para otro, un país que estaba dividido prácticamente 50/50, resulte pensando y decidiendo casi que por unanimidad. Vergonzoso ver aquellos partidos que desde tiempo atrás han defendido unos postulados radicalmente opuestos a la izquierda, ahora renunciando a ellos para lograr un espacio que les “asegure” un mejor destino, al menos, en los próximos cuatro años.
Yo creo que acomodarse a hacer lo que todos hacen no tiene ningún mérito y, por el contrario, trae frustración y decepción cuando se descubre que se negoció lo no negociable, algo así como “cambiar la primogenitura por un plato de lentejas”.
Estoy convencida de que el reto es, precisamente, defender lo que es correcto cueste lo que cueste, solo o acompañado. Por eso, felicito a quienes han tenido la valentía de apartarse, incluso, de sus respectivas colectividades con el ánimo de ser coherentes frente a lo que les prometieron a sus electores desde los pilares que defendían en la campaña que hicieron para llegar a ocupar curules en el Congreso de la República. Felicito a aquellos que han tomado una posición clara, no con el cuento de la “independencia propositiva”, sino desde la coherencia frente a sus principios. Respecto a quienes aun no se han manifestado, espero que les puedan más las convicciones que la comodidad y que estén dispuestos a defender lo correcto, aunque tengan que hacerlo solos.




