Hace 50 años, un ingeniero del MIT engañó a su disquera, grabó un álbum en su sótano y cambió para siempre la historia del rock.
En agosto de 1976, la banda Boston lanzó «More Than a Feeling», una canción que se convertiría en un himno generacional. Pero Boston no era una banda en el sentido tradicional. Detrás de aquel sonido limpio, de esas guitarras que parecían venir del espacio exterior, había un solo hombre: Tom Scholz, un ingeniero del MIT que trabajaba en Polaroid y que, en sus ratos libres, construyó un disco que desafió todas las reglas de la industria.
Scholz tocó casi todos los instrumentos, diseñó sus propios pedales de efectos, grabó en el sótano de su casa y envió las cintas en cassette a su amigo Brad Delp para que pusiera la voz. Cuando Epic Records firmó el contrato, la banda que aparecía en la portada era, en realidad, un invento necesario para que la disquera creyera que había firmado a un grupo de rock, no a un genio solitario en un sótano.
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El álbum «Boston» no fue grabado en un estudio de lujo en Los Ángeles, como Epic exigía. Fue grabado en aquel sótano donde se hizo el demo con los equipos que TomScholz Scholz había diseñado y fabricado él mismo. Para sortear las reglas del sindicato de ingenieros, Scholz y su productor John Boylan hicieron creer a la disquera que estaban grabando en la Costa Oeste. En realidad, Scholz trabajaba día y noche en su sótano, mientras se desempeñaba en el día como empleado de Polaroid; el resto de la banda fingía viajes a California. El resultado del demo fue un sonido que nadie había escuchado antes: guitarras masivas, armonías vocales cristalinas, solos de órgano Hammond y una precisión técnica que parecía venir de otro planeta. La crítica lo llamó «sonido espacial». 50 años más tarde lo llamamos «el sonido de Boston».
El álbum debut de Boston fue lanzado el 25 de agosto de 1976 y se convirtió en el LP debutante más vendido en la historia de Estados Unidos, con 17 millones de copias vendidas solo en Norteamérica y 20 millones más en todo el mundo. En 1998, la RIAA lo certificó con el Premio Century, un galardón especial para álbumes que superan los 10 millones de copias vendidas, convirtiéndolo en uno de los debuts más exitosos de todos los tiempos, hasta su reemplazo en 1987 por el debut de Guns N’ Roses.
El álbum fue certificado oro en octubre de 1976, apenas dos meses después de su lanzamiento, y platino en noviembre del mismo año. Para 1977, Boston ya encabezaba carteles en estadios, agotando entradas en lugares como el Madison Square Garden y el Philadelphia Spectrum, abriendo para las bandas más importantes del género como Foghat y Black Sabbath.
El disco contiene ocho canciones, seis de las cuales se convirtieron en clásicos radiales recurrentes, «More Than a Feeling» es la más famosa, pero temas como «Peace of Mind», «Foreplay/Long Time», la bella «Rock & Roll Band» y la movida «Smokin'» también se convirtieron en himnos del rock clásico. Es decir, casi todo el disco.
La canción «More Than a Feeling» en especial fue escrita por Scholz años antes, inspirada en un amor de adolescencia y en la canción «Walk Away Renée» de la banda de «pop barroco» The Left Banke. El solo de guitarra, que algunos comparan con el clásico «Telstar», se convirtió en uno de los más reconocibles de la historia del rock. «Foreplay», con su extensa y bella introducción instrumental, fue compuesta en 1972 y muestra la influencia de la música clásica en Scholz, quien creía que «el rock podía tener la misma grandeza que una sinfonía» ¡Y lo logró!
El estilo debutante de Boston combinaba en 1976 la potencia del hard rock con la precisión técnica de un ingeniero del MIT. Tom Scholz, usaba armonías vocales superpuestas, guitarras acústicas y eléctricas en perfecto equilibrio, y efectos electrónicos que él mismo diseñó en aquel sótano frío e inundado. La portada del disco, que mostraba una nave espacial con forma de guitarra, fue creada por la diseñadora Paula Scher, pero Scholz tuvo que intervenir: la primera versión mostraba una invasión alienígena a la Tierra. «Las naves espaciales deben salvar el planeta, no atacarlo», dijo. El éxito fue inmediato. La radio de Cleveland fue la primera en poner el disco, y en una semana ya sonaba en 400 estaciones de todo el país, aprovechando el naciente formato AOR (que pasaba los discos enteros). En un momento en que la industria gastaba cientos de miles de dólares en grabaciones, el álbum de Boston costó solo unos pocos miles. Era la prueba de que el talento podía vencer al presupuesto en aquel tiempo en que las métricas eran simplemente ventas.
La voz de Brad Delp era el alma del disco. Delp, un obrero de una fábrica de bobinas eléctricas, grabó todas sus partes en rápida sucesión, sin saber que su nombre quedaría grabado en la historia del rock. En 2007 se suicidó en su casa de New Hampshire inhalando CO2. Su partida dejó un vacío imposible de llenar. Su voz era la herramienta, el cimiento sobre el cual Tom Scholz construyó una catedral de sonido.
A medio siglo de su lanzamiento, «Boston» sigue sonando en las emisoras de rock clásico y en las playlists de quienes buscan un viaje al pasado sólido. El disco ha sido incluido en el libro «1.001 álbumes que debes escuchar antes de morir» y ocupa el puesto 43 en la lista «Definitive 200» del Salón de la Fama del Rock and Roll, ya que Rolling Stone ni siquiera lo tuvo en cuenta entre sus 500.
Tom Scholz, hoy de 77 años, sigue siendo un genio incomprendido con serios conflictos, pero su obra trasciende cualquier reconocimiento. Como dijo el portal AllMusic: «Boston es esencial para cualquier fanático del rock clásico».




