Yeny Posada, una criminalista que vive del ADN

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Conversar con Yeny Posada es abrir una caja de sorpresas cuando ella habla espontáneamente de su trabajo como criminalista en el Laboratorio IdentiGEN de la Universidad de Antioquia. Escuchar sus relatos es fascinante, porque con cada descripción de los casos que ha atendido atrapa tu atención. Por: Mauricio Galeano Quiroz, Comunicador Social-Periodista

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A Yeny Cecilia Posada Posada la conocí en el servicio de alimentación para empleados de la Universidad de Antioquia. Es amable, risueña, cordial y una excelente narradora de cada una de las historias que ha vivido desde que llegó como practicante, en el año 2002, al Laboratorio de Genética Forense del Instituto de Biología, adscrito a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

“Una vez nos tocó atender un caso de una demanda por hurto agravado semen, que remitió el Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía, porque un hombre acusaba a una mujer de haberse autoinseminado, sin su consentimiento, con el semen que había dejado en el condón después de tener relaciones ocasionalmente; puesto que la mujer se embarazó y dio a luz un hijo del demandado”; esa fue la primera historia que le escuché a Yeny hace varios meses, que aunque parece jocosa, es parte de las situaciones que debe resolver a partir de sus conocimientos como genetista.

Foto: Cortesía

Después de obtener su título profesional como Bacterióloga, el recorrido en dicho laboratorio ha marcado su destino como una excelente genetista forense, parecida a las que uno ve en series gringas como CSI, NCIS o Criminal Minds. En su trabajo cotidiano como Analista de genética forense del Laboratorio IdentiGEN (nombre actual) Yeny se ha convertido en una experta en Toma de muestras en exhumaciones de cuerpos, Análisis de restos óseos y Muestras difíciles.

“A mí me toca desplazarme a cementerios en diferentes lugares del país a pararme, literalmente, encima de un cadáver para tomar muestras de sus huesos para luego analizar el ADN, con el propósito de resolver casos que nos llegan por diferentes circunstancias”, explica en tono tranquilo Yeny.

Foto: Cortesía

En la línea de muestras difíciles Yeny Posada describe que debe analizar las huellas genéticas que las personas dejan en chicles, vasos, cepillos dentales, cucharas, tampones, cabello, cuzcas de cigarrillos, entre muchos otros objetos; o también analizar sangre y saliva de los individuos inmiscuidos en diferentes tipos de casos que son remitidos por entidades como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la Fiscalía General de la Nación, juzgados, comisarías y defensorías de familia o por particulares interesados en despejar dudas.

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De los múltiples casos atendidos surgen también muchas historias que desencadenan diferentes emociones como tranquilidad, sosiego, decepción, tristeza, rabia, entre otras; como la de “una familia que tenía pendiente resolver una herencia de más de 17 mil millones de pesos y solicitaron un análisis de ADN para demostrar su parentesco con el fallecido. El resultado fue negativo y como demandantes quedaron excluidos de la herencia; descontentos solicitaron un contraperitaje y el fallo fue ratificado”, narra Yeny.

Ella se ha preparado muy bien y su experiencia, conocimiento y recorrido se ratifica con su formación como Especialista en Ciencias Forenses y Bioanálisis de la UdeA y Magíster en Investigación Criminal de la Policía Nacional (Sede Bogotá).

Foto: Cortesía

A lo largo de más de 20 años de trabajo son cientos de casos los que Yeny Posada ha resuelto en su laboratorio y conoce al detalle cada uno de los procedimientos que debe seguir según la solicitud que le asignan. Ella describe cómo, por ejemplo, para tomar muestras en exhumaciones debe asistir en compañía de un juez para abrir la bóveda o lote donde está inhumado el cuerpo y luego cortarle 10 centímetros de cada fémur para tener una buena muestra y obtener el ADN del occiso con mayor confiabilidad

Entre las historias se encuentran situaciones complejas como la de una mujer entre los 18 y 20 años de edad que llevo a cuatro hombres diferentes para saber cuál era el padre de su hijo y ninguno fue positivo. “Lo que me dejó perpleja, después del cuarto hombre fue la expresión de la chica: “¡Yo no sé a quién más traer…!”, cuenta Yeny aún con asombro.

Otra historia difícil de asimilar fue en la época en que los jóvenes hacían bacanales en habitaciones a oscuras, “a eso le llamaban en ese tiempo la Ruleta Rusa”, expresa Yeny y describe que se trataba de orgías en las que participaban hombres y mujeres y a ciegas tenían relaciones con quien les tocara. “De una de esas fiestecitas salió el caso de una familia prestante del área metropolitana en que hijo e hija participaron en la misma ruleta y la niña quedó embarazada; cuando hicimos la prueba de paternidad, detectamos que el padre de la criatura era el hermano”.

A Yeny le llegan solicitudes de particulares que quieren despejar dudas de paternidad, a veces a través de empresas intermediarias donde llega gente que quiere guardar confidencialidad de la identidad. Una de esas solicitudes fue la de un hombre que tenía una hija de 30 años de edad, y en una ocasión guardó por cuatro años un tampón utilizado por su hija porque tenía dudas de su paternidad; los resultados del análisis despejaron su duda: fueron negativos.

También se resolvió el caso de una mujer de 65 años que necesitaba, de manera confidencial, “cotejar si la hija que tenía era de su esposo o de un desliz que había tenido hacía 45 años; para ello llevó las uñas de su esposo y cabello de la hija (desde el folículo, porque no se puede cabello cortado), y confirmó que sí era de su relación”, relata Yeny con el placer del deber cumplido.

En esa línea para aclarar y definir paternidades se han dado casos más específicos: “una mujer quedó embarazada y quería saber si el bebé era del esposo o del amante. Ella buscó un ginecobstetra y realizamos una prueba con líquido amniótico para confirmar la paternidad”, y explica la bacterióloga que ese procedimiento se puede realizar hasta el segundo trimestre de gestación; de lo contrario, traería consecuencias negativas para la madre y la criatura.

Las personas que intercambian palabras con Yeny quieren saber más de las historias que diariamente vive en su trabajo en el Laboratorio IdentiGEN, incluso hay quienes le dicen que escriba un libro con esas vivencias. Por ahora sigue cumpliendo profesional y éticamente con su trabajo como analista y criminalista que ayuda a las personas que buscan en su conocimiento despejar las inquietudes y dudas de sus árboles genéticos.

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