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¿Te imaginas esperar tu vuelo bajo un palo de mango? Este aeropuerto lo hace posible

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Hace algunos días, tuve la fortuna de ser invitada por Fontur y MinComercio a visitar la población de Ocaña, en el departamento de Norte de Santander.

La experiencia fue, en su mayoría, similar a lo que se espera de un viaje turístico: paisajes hermosos, gente cálida, y la riqueza cultural de la región.

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Sin embargo, fue el regreso lo que realmente capturó mi atención. Nuestro grupo, compuesto por once viajeros, debía llegar al aeropuerto de Hacaritama, en Aguachica, Cesar, el más cercano a Ocaña, a tan solo una hora y media de distancia. Al llegar, supe que esta sería una experiencia diferente.

La primera impresión fue tan salida de lo común como inesperada: la sala de espera del aeropuerto no era más que un área bajo la sombra generosa de un palo de mango. Ahí, los pasajeros aguardan pacientemente el llamado para el siguiente paso: la inspección manual del equipaje.

En Hacaritama no existen bandas ni escáneres sofisticados; aquí, la seguridad se maneja de manera tradicional, con las autoridades revisando cada maleta, dos personas a la vez, en un espacio reducido. Mientras tanto, los demás esperan refrescándose bajo el mismo árbol, donde una señora, al más puro estilo de un aeropuerto, vende desde empanadas, papas rellenas hasta arepas, acompañadas de tinto, agua o gaseosa, todo a precios sorprendentemente accesibles. Por ejemplo, una papa y un café con leche no superan los seis mil pesos.

Foto: http://www.elmetro.co

Un vigilante, es el encargado de organizar a los pasajeros, llama a los viajeros a medida que llega su turno para la inspección. Tras esta primera revisión, nos trasladamos a una sala aún más pequeña, donde aguardamos el momento de abordar el vuelo hacia Bogotá.

Pero antes, se debe pasar por un último filtro de seguridad: el detector de metales y una inspección final. En esta sala, que cuenta solo con un baño, se hace el llamado final para abordar. Si algún pasajero no logra llegar a tiempo, tendrá que esperar hasta el próximo vuelo, ya que solo hay tres a la semana, operados por la aerolínea Satena, con una única ruta: Bogotá – Aguachica y viceversa.

Estar en este aeropuerto fue como vivir un pasaje sacado de las páginas de una novela macondiana de García Márquez, en este país lleno de contrastes y belleza. Un lugar donde lo sencillo y lo cotidiano se entrelazan con lo extraordinario, creando una experiencia que se queda en la memoria, evocando la esencia misma de nuestra tierra.

Foto: http://www.elmetro.co

Eliana Lopera
Eliana Lopera
Soy una apasionada por lo audiovisual, periodista digital , me gusta contar historias cautivadoras las cuales comparto a través de la magia visual y las palabras digitales. Entre mis pasiones se encuentran los gatos, y mis adorables compañeros peludos, Romeo y Coco. Su ternura y travesuras aportan una dosis diaria de alegría a mi vida.
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