Sevillana

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Mi día comenzó a las 11.30 con un café en la habitación del hotel, la Lectura del Día y la consulta del santoral que celebraba a Santo Domingo de Guzmán. Luego tomé una ducha caliente para desperezarme del aire acondicionado y antes de la 1 ya estaba acariciando las calles de esta ciudad que enamora desde el primer momento.

Mis pasos me llevaron al Museo de Bellas Artes, en cuya plaza rendí tributo al pintor Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682) creador de una prestigiosa obra barroca. Me deleité con las imágenes que me ofrecían la arquitectura y la naturaleza del entorno. Una dama de abanico posó para mí ante un grupo de pinturas a la venta, a la sombra de un árbol centenario. Vestía de negro y tenía blancos los cabellos.

Mi amiga Carmen Camacho, gran poeta nacida en Alcaudete y residente en Sevilla, me había advertido del calor de agosto y de lo desolada que iba a estar la ciudad. Aún así quise recorrer las calles de Bécquer y Velázquez con la implacable luz. En la calle Alfonso XII, frente a la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, me sentí llamado. Dicen que, en mitad del viaje, uno debe quedarse donde puede hallarse. Me pasó en el peregrinaje estival por la península. Me vi en España y vi a España en mí.

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El Real Monasterio de Santa Inés me advirtió que mi próximo objetivo estaba cerca: El Palacio de las Dueñas. Al igual que Liria (Madrid) y Monterrey (Salamanca) pertenece a la Casa de Alba; fue construido en el siglo XV y reformado entre finales de ese siglo y principios del XVI en estilo gótico-mudéjar y renacentista. Alberga una gran colección de pintura, escultura y artes decorativas entre el XVI y el XX. Por su valor histórico y artístico fue declarado Bien de Interés Cultural en 1931.

Quise registrar la emoción de mi llegada a Las Dueñas por primera vez, con una transmisión en vivo por Instagram. Lo primero que hice, una vez saludar a la portada, fue dirigirme a un monumento escultórico ubicado al costado izquierdo de la misma. Me tomó por sorpresa una notificación de Google Maps: “Tú destino está a la derecha”. Quedé encantado por lo que leí en la cerámica incrustada en el muro: “En una vivienda de este Palacio nació, el 26 de julio de 1875, el poeta Antonio Machado. Aquí conoció la luz, el huerto claro, la fuente y el limonero”. Dueñas también fue la casa en Sevilla de Cayetana Fitz-James Stuart, la inolvidable XVIII Duquesa de Alba de Tormes. Ella celebró aquí la fiesta de su primera boda, en 1947, y la tercera, en 2011. En 2016 su heredero, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, el XIX Duque de Alba de Tormes, autorizó las visitas al Palacio. Aquel no era mi día para entrar a Las Dueñas y me dediqué a recorrer sus alrededores, tal como quedó registrado en la transmisión. Me sorprendió lo apacible del entorno, los callejones frescos a pesar del intenso calor y me sentí abrazado cuando encontré la Iglesia y Plaza de San Marcos evangelista, patrono de mi pueblo.

Ya era hora de comer y fui por unas tapas al bar que me recomendó un vecino de la Plaza San Román. Cerdo, pollo, patatas y caña, para renovar la mirada. Tras una búsqueda en Google me dirigí hacia el lugar donde está sepultada nuestra querida Cayetana: el Templo Santuario de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Santa María de las Angustias Coronada, sede de la Hermandad Sacramental de los Gitanos. Las puertas cerradas no me impidieron rendirle tributo a la Duquesa de Alba, a quien siempre vi tan cercana, tan original, tan familiar. Sospecho que hubiésemos sido grandes amigos, por su don de gentes, su afabilidad y alegría. A la sombra de un limonero me cobijé, en la Plaza del Señor de la Salud, casi a punto de desmayarme. Un par de palomas vinieron a saludarme y ella me susurró un verso.

Pasé por el parque detrás del Templo para tomar una flor y cumplirle la promesa a la poeta Diana Agámez de ir a la Basílica de María Santísima de la Esperanza Macarena, conocida como la Basílica de La Macarena, templo católico situado en el número 1 de la calle Bécquer en el barrio de San Gil del Casco Antiguo. El edificio constituye la sede de la Hermandad de la Esperanza Macarena, cuyo nombre resonaba en mi desde aquella noche de fiesta en Toledo. Me fui caminando hasta La Macarena, famosa entre todos los toreros que la tenemos de patrona. Ya eran más de las tres de la tarde, pero la abrían hasta las 6 así que debía hacer tiempo en el sector para cumplirle a Nuestra Señora. Aproveché para saludar al gran Joselito antes de sentarme a tomar unas cañitas y tapear, con una flor roja de bonche en la mesa. Mi móvil se quedó sin carga y no pude hacer fotos de mi visita, pero me queda el gran recuerdo de haber entrado de primero y percibir el ambiente místico propiciado por la música sacra en los parlantes. Caminé muy despacio por la nave central, con el rojo encendido entre las manos, hasta el altar. Conmovido dejé mis agradecimientos, mis oraciones y la petición de mi amada poeta cartagenera-romana.

Volví al hotel justo a tiempo para cargar el celular, tomar una ducha y cambiarme para asistir a la Santa Misa en la Catedral. Fue una Eucaristía solemne oficiada por Su Excelencia José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla, como parte de la Novena de la Virgen de los Reyes Coronada, patrona de la ciudad. Todo se alineaba. La Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Santa María de la Sede y de la Asunción de Sevilla es un templo católico de estilo gótico. Se trata de una de las catedrales más grandes del mundo en ese estilo. La Unesco la declaró en 1987, junto al Real Alcázar y el Archivo de Indias, Patrimonio de la Humanidad y, el 25 de julio de 2010, Bien de Valor Universal Excepcional. Según la tradición, la construcción se inició en 1401, aunque no existe constancia documental del comienzo de los trabajos hasta 1433. Una hora duró la bella ceremonia dominical, al cabo de la cual me dispuse a agradecer al Almirante de la Mar Océana, Don Cristóbal Colón, enterrado en este hermoso templo, al igual que varios reyes de Castilla: Pedro I el Cruel, Fernando III el Santo y su hijo, Alfonso X el Sabio.

Al concluir la Santa Misa consulté mi móvil y me enteré de la muerte de Don Miguel Jaller Raad, amigo de nuestra Familia con quien disfrutamos inolvidables momentos de la adolescencia. Oré por la paz de su alma y pedí consuelo para su entrañable familia, esposa e hijos. Luego pasé por la magnífica Plaza de Toros de La Maestranza que se encuentra en el barrio del Arenal y que fuera construida en el siglo XVIII. La Plaza es propiedad de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Camino al Guadalquivir me encontré con una italiana que había contactado gracias a una aplicación de citas. Fuimos a tomar y comer algo para conocernos. De interesante y divertida conversación, la elegante rubia no quiso seguir la marcha y me dejó en mi hotel, muy temprano para mi gusto. Pero así es la vida. Unas veces oculta y otras revela. Tal como se le reveló un Nuevo Mundo a un señor llamado Rodrigo, del barrio de Triana, aquella bendita madrugada del 12 de octubre de 1492.

¡Que me perdone Sevilla!
dueña de mil maravillas
paraíso universal
donde se pone mi Triana
¡qué se quite lo demás!

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John Alexander Rodríguez
John Alexander Rodríguezhttp://elmetroco.wordpress.com
Comunicador Social - Periodista de la ciudad de Medellín con más de 20 años de experiencia. Amante de la buena música, deeejay los fines de semana y emprendedor.
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