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Sergio Fajardo y Claudia López acabaron con el «Centro» en Colombia

Por: John Alexander Rodríguez López - Comunicador Social, Periodista - jhonzio@gmail.com

A tan solo días de la primera vuelta presidencial en Colombia, el llamado “centro político” atraviesa su momento más crítico en décadas.

Lo que alguna vez se presentó como una alternativa sensata, moderada y técnica frente a los extremos, hoy parece diluirse entre disputas internas, falta de liderazgo y una desconexión evidente con el electorado. Y en el corazón de este colapso hay dos nombres inevitables: Sergio Fajardo y Claudia López.

Durante años, ambos construyeron una narrativa basada en la ética pública, la educación y la lucha contra la corrupción. Sin embargo, esa bandera terminó desgastándose no tanto por ataques externos, sino por sus propias contradicciones.

Hoy, lejos de consolidar una opción fuerte, sus candidaturas lucen debilitadas, fragmentadas y, sobre todo, incapaces de generar entusiasmo.

Las encuestas recientes son contundentes: el centro no despega.

Mientras las propuestas de izquierda y derecha polarizan el debate y capturan la atención ciudadana, Fajardo y López aparecen rezagados, sin opciones claras de disputar una segunda vuelta.

Esta falta de tracción no solo refleja un problema de campaña, sino una crisis más profunda: la incapacidad de interpretar el momento político del país.

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Pero quizá el golpe más duro no vino de las urnas, sino de sus propias filas. La confrontación pública entre ambos líderes —con reproches cruzados, recordatorios de viejas tensiones y menciones a escándalos dentro de Alianza Verde— terminó por dinamitar la poca cohesión que quedaba.

Lo que debía ser un bloque sólido terminó convertido en un espectáculo de divisiones que minó la confianza de sus propios seguidores.

En este escenario, el votante de centro enfrenta un dilema complejo: mantenerse fiel a una propuesta que ya no parece viable o migrar hacia el llamado “voto útil”, inclinándose por opciones con mayores probabilidades de triunfo. Y en política, cuando el electorado empieza a pensar en términos de utilidad más que de convicción, es señal de que un proyecto ha perdido su esencia.

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