¡Pongámonos la camiseta de la dignidad laboral!

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El Gobierno del Presidente Gustavo Petro adelanta una ardua lucha para restablecer los derechos laborales del pueblo colombiano y algunas garantías que dignifiquen la jornada para quienes trabajan en empleos formales. ¡Las mafias del congreso se oponen! Por: Mauricio Galeano Quiroz - Comunicador Social-Periodista.

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Para recuperar los derechos de los trabajadores en Colombia, el Gobierno Nacional del Presidente Petro propone una herramienta democrática: la Consulta Popular, que plantea 16 interrogantes; de ellos hay dos preguntas que tienen como propósito recuperar unos derechos que se perdieron en el periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez, disque para contrarrestar las altas cifras de desempleo, lo cual fue una falacia del Innombrable.

Las dos preguntas que beneficiarían a muchos trabajadores colombianos son:
– ¿Está de acuerdo con que el trabajo de día dure máximo 8 horas y sea entre las 6:00 a. m. y las 6:00 p. m.?
– ¿Está de acuerdo con que se pague con un recargo del 100 % el trabajo en día de descanso dominical o festivo?

Los empresarios, lobistas y senadores que ayudaron a hundir hace un mes la votación de la consulta popular se escudan para negar estos derechos en argumentos como que estas medidas incrementarán el desempleo, llevarán a la quiebra a las empresas, que se afectará el futuro pensional de la juventud, entre otro tipo de sandeces sin sustento racional.

Hay que recordar que nuestros padres y abuelos tenían el objetivo de conseguir un empleo digno y estable en alguna empresa privada o pública para ganarse el sustento de sus familias; muchos de ellos cumplían sus jornadas laborales, pero cuando era necesario aprovechaban la oferta de los jefes de trabajar horas extras nocturnas o dominicales para mejorar sus ingresos económicos. Así fue como muchos pudieron conseguir una casa propia, pagar el estudio de los hijos o invertir ocasionalmente en paseos o recreación.

En mi caso personal, como le expuse hace unos días por Facebook a mi amigo uribista Luis Carlos Bedoya: antes de ser profesional trabajé en una fábrica de muebles con mi papá donde en el año 1989 marcando tarjeta en un reloj nos pagaban horas nocturnas después de las 6:00 p.m., horas extras los sábados después de las 12:00 m. y las horas dominicales las pagaban triple. Recuerdo que con esa platica me compre mis primeros tenis Reebok originales.

Luego, en el año 1995, al salir del Ejército, trabajé como vigilante en el Cementerio Jardines Montesacro, de la Organización Prever, y mi jornada era de 7:30 a.m. a 5:30 p.m., con descanso los miércoles. En ese tiempo nos pagaban triple los dominicales y si había que atender un servicio funerario en el Panteón de la Eterna Memoria después de las 6:00 p.m., nos pagaban horas extras nocturnas; ese dinero adicional me ayudó mucho para comprar leche y pañales para mi hija Kelly.

Más adelante, entre 1997 y 1999 (cuando me retiré por 3 semestres de la Universidad), trabajé en un centro vacacional de Comfenalco, en Girardot, Cundinamarca, donde hacía jornadas extensas de más de 12 horas de martes a domingo, con descansos los lunes, y en esa época a través de una empresa temporal nos pagaban horas extras nocturnas, diurnas y el recargo triple de los dominicales. De esas tres experiencias las empresas que se quebraron por la corrupción de los directivos fueron Comfenalco y Variedades Industriales (la de muebles); no se acabaron por reconocer dignamente las horas extras de los empleados.

Después de que Uribe cambiara mezquinamente las reglas de juego laboral para los empleados del país, muchos trabajadores hacen horas extras y dominicales con desazón y con poca motivación, además las ejecutan un domingo, por ejemplo, en un centro comercial por la necesidad del trabajo.

Hoy en día se encuentran organizaciones, empresas y entidades que ponen a trabajar más tiempo a sus empleados, sin reconocerles horas extras, utilizando el eufemismo de que “son empleados de confianza”, y retribuyen esos favores con horas o días compensatorios; lo malo de aprovechar los compensatorios es que en ocasiones no es cuando el empleado los necesita sino cuando el jefe considere.

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En esa línea, hay jefes y asistentes tan patronistas que te obligan a diligenciar formatos y a sustentar con calendario en mano cuándo fue que hiciste horas extras; tienen memoria selectiva para reconocer tu derecho, pero recuerdos muy claros para reprocharte cuando no pudiste quedarte para “ponerte la camiseta” por la organización.

Lo que está tratando el Presidente Gustavo Petro es de recuperar la dignidad laboral para los empleados formales que tienen desventajas en sus contratos por una reforma laboral de un politiquero que en su época decía en público que “a Colombia la está matando la pereza”, pero que ha desangrado como ha querido el erario público a conveniencia con sus secuaces.

Los colombianos no somos perezosos, salimos a diario a rebuscarnos la vida en trabajos formales e informales para buscar el sustento de nuestros hogares. Muchos están contentos y satisfechos con sus trabajos, tienen sentido de pertenencia por sus empresas y organizaciones públicas o privadas y dan lo mejor de sí para aumentar la producción, prestar un mejor servicio o alcanzar también algunos estímulos.

De salir la consulta popular por decreto, como lo anunció el Presidente Petro, recuerde que es una oportunidad para que usted y sus compañeros tengan una mejor calidad de vida. Se trata de una reforma social en bien del pueblo. Así que no le crea a los politiqueros que tienen privilegios, se ganan 52 millones de pesos mensuales y le hacen el mandado a los magnates que nos quieren ver esclavizados… ¡Póngase la camiseta y recupere sus derechos!

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