Tras largas semanas recluidos en el interior del hogar para estar a salvo del coronavirus, ha llegado el momento de empezar a recuperar la “nueva normalidad”. Sin embargo, algunas personas sienten ansiedad y miedo a abandonar la seguridad de sus casas, es lo que se conoce como el síndrome de la cabaña.
No se trata de una patología como tal, sino de un estado anímico, mental y emocional que se ha estudiado en personas que, tras pasar un tiempo de reclusión forzosa, han experimentado dificultades para volver a su situación previa al confinamiento. En la actualidad, cuando las medidas de confinamiento comienzan a relajarse, el síndrome de la cabaña aflora, pues hay personas que viven la vuelta a la calle con angustia e inseguridad.
Dentro de sus síntomas se encuentra un cúmulo de sensaciones negativas como fobia de salir a la calle y puede condicionar muy seriamente la realización de actividades cotidianas de quienes lo padecen.
Para contrarrestar estos efectos se sugiere medir la exposición que diariamente se tiene a la información que nos llega a diario, saber equilibrar tanto las buenas como las malas noticias que nos llegan acerca del coronavirus.
A la hora de salir a la calle se recomienda seguir todas las precauciones que ya nos han socializado, pero hacerlo con tranquilidad, no minimizar el riesgo, pero tampoco maximizar las situaciones como si fuera inminente el contagio.
También se aconseja que si siente un gran temor de salir a la calle, no se obligue a hacerlo durante largos periodos de tiempo, sino que lo haga de manera gradual a medida que se vaya sintiendo más cómodo con las situaciones en el exterior.
El trabajo, el ocio y las relaciones sociales no serán exactamente como antes de la pandemia y tendremos que incorporar a nuestro día a día algunos de los hábitos adquiridos en las últimas semanas. Por eso debemos acatar las normas de sanidad recomendadas como el lavado de manos o el uso de mascarillas que nos proporcionará seguridad y hará que nos resulte más fácil enfrentar el peligro.
Fernando Chacón, decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, recuerda que “la capacidad de adaptación del ser humano es enorme. Hemos llegado donde hemos llegado como especie porque nos hemos adaptado a circunstancias muy excepcionales y también nos vamos a adaptar a esto”.




