Mil veces Madrid

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Lo mejor de un vuelo nocturno transoceánico es el amanecer a bordo. Esa sensación de estar en mitad de la noche, sobrevolando el mar, al interior de un avión que parece dormido, a una velocidad insospechada en la tierra.

Ese entrar en la oscuridad y atravesar un túnel de estrellas para salir al Sol. Esa emoción con la que la noche se decanta, gota a gota, para convertirse en mañana. Esa manera en la que Dios teje, nube a nube, la filigrana del día. Pasando del oscuro al azul profundo, de una línea de oro en la incalculable lejanía al íntimo rosado del alba, de la púrpura al amarillo que se hace real. Ese deslumbramiento no tiene igual en ninguna otra experiencia.

Aterrizar en Barajas en tiempos de pandemia trajo lo suyo. La fila de migración más larga y demorada que de costumbre. Además del respectivo trámite, debimos hacernos una prueba de antígenos para confirmar que no teníamos el virus. En la sala de espera trabamos amistad con una encantadora joven de Cali y con otra, muy divertida, de Lima. La primera iba rumbo a Barcelona a continuar sus estudios y la segunda se mudaba a la sede de la Corte, debido al triunfo de un presidente de cuyo nombre no quiero acordarme. Una vez nos dieron la libertad nos dispusimos entrar en la capital del Reino. Tuvimos tiempo para bromear sobre algunos avisos del aeropuerto, quejarnos del calor y sacarnos las americanas. Sombrero en la cabeza, salimos de la terminal aérea en busca de la del tren. Abordamos uno rumbo a Chamartín para cambiarnos de línea y levar anclas hacia el Sol, estación próxima a Plaza Mayor. A bordo del segundo hicimos fotos y celebramos el repentino triunfo de estar vivos en Madrid.

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Bajarse en Sol es entrar por el corazón de la ciudad. Subir las escaleras de la estación y encontrarse con La Puerta del Sol es la mejor bienvenida. En ella se encuentra el Kilómetro Cero de las carreteras radiales del país. El edificio más antiguo de la icónica plaza es la Casa de Correos, construida por el arquitecto Jaime Marquet entre 1766 y 1768; fue Ministerio de la Gobernación (Interior) y Dirección General de Seguridad del Estado; actualmente, es sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, que está en manos de la bella y brillante Isabel Díaz Ayuso. En la Casa se destaca el Reloj de Torre que fue construido y donado en el siglo XIX por José Rodríguez de Losada, y cuyas campanadas de las 12 de la noche del 31 de diciembre marcan la toma de las doce uvas a la gran mayoría de los españoles. Entrar por La Puerta del Sol es hacerlo por la puerta grande, pues en ella se encuentra la escultura ecuestre de Su Majestad, el rey Carlos III, llamado «el Político» o «el Mejor alcalde de Madrid». Don Carlos nació en esta capital un día de San Sebastián, el 20 de enero de 1716 y falleció aquí mismo un día de San Juan de la Cruz, el 14 de diciembre de 1788. Fue Duque de Parma y Plasencia (1731-1735), Rey de Nápoles y de Sicilia (1734-1759) y Rey de España (1759-1788). La escultura es obra de Eduardo Zancada Pérez y fue erigida en 1994.

Otro hito importante en La Puerta del Sol es la escultura del Oso y el Madroño, popular punto de encuentro de los madrileños, obra de Antonio Navarro Santafé que representa las armas heráldicas de la villa y fue colocada el 10 de enero de 1967 en la cara oriental de esta plaza, entre las calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo. Aún deslumbrados por la luz del verano, tomamos la Calle Mayor y guiados por la intuición en una esquina avanzamos por la Calle de Postas y luego tomamos la Calle de la Sal para entrar a la Plaza.

Arribamos a la espléndida y emblemática Plaza Mayor a las 5.05 de la tarde del viernes 16 de julio, día de Nuestra Señora del Carmen. El brillo del sol daba al aire un aura de religiosa eternidad, la piedra y el metal nos parecieron guardar una espera de siglos. En 1560, tras haber trasladado la corte a Madrid en 1561, el rey Felipe II encargó el proyecto de remodelación de la plaza a Juan de Herrera. Ese mismo año se inició el derribo de las «casas de manzanas» de la antigua plaza. La construcción del primer edificio de la nueva, la Casa de la Panadería, comenzaría en 1590 a cargo de Diego Sillero, en el solar de la antigua lonja. En 1617, el rey Felipe III, encargó la finalización de las obras a Juan Gómez de Mora, quien concluirá la plaza en 1619. Tras tomarnos una jarra de sangría, picar algo en un restaurante donde nos atendió un ecuatoriano y fumarnos unos puchos, fuimos a dejar mi equipaje en el hotel, situado a dos cuadras por la calle de Gerona, en una esquina de la Plaza de La Provincia, en la Calle Atocha, al lado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Nos atendió una joven malagueña, guapa y delgada, dotada de amabilidad y gracia. Julio Cesar me esperó en el lobby mientras yo subía al cuarto piso a dejar mis maletas en una habitación sencilla, pero muy cómoda. El edificio es de una arquitectura clásica, pero renovado. Bajé de inmediato y fuimos a rendir tributo Don Felipe III a través de la escultura ecuestre que se encuentra en el centro de la Plaza Mayor y que fuera comenzada por el escultor Juan de Bolonia y terminada por su discípulo Pietro Tacca en 1616. Fue un regalo del entonces Gran Duque de Toscana, Cosme II de Médici, para el rey de España. Inicialmente se ubicó en la Casa de Campo, pero en 1848 la reina Isabel II ordenó su traslado a la Plaza Mayor.

Luego de caminar un poco por el entrañable lugar, en pleno corazón del Madrid de los Austrias, casi a las ocho de la tarde, acompañé a mi querido amigo a la estación Sol para que tomara su tren a Valladolid donde pasaría su primera noche española. Yo regresé al hotel a tomar una ducha, descansar del viaje y comunicar mi feliz arribo a la familia. A las 11 bajé otra vez a la Plaza a cenar una “paellita del Marqués” acompañada con sangría. Volví al hotel faltando un cuarto para la una de la noche. El ingreso fue por un código que digité en un teclado situado al lado de la puerta que era de vidrio. Al acostarme elevé una oración de gratitud por permitirme dormir en esta ciudad tantas veces soñada y mil veces amada.

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John Alexander Rodríguez
John Alexander Rodríguezhttp://elmetroco.wordpress.com
Comunicador Social - Periodista de la ciudad de Medellín con más de 20 años de experiencia. Amante de la buena música, deeejay los fines de semana y emprendedor.
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