Debe haber razones en 13 idiomas para que el legendario director y productor de Broadway, Andrew Lloyd Webber elogie los arreglos de cuerdas y la compleja música del álbum «LUX» como el álbum del año.
Rosalía rompía la semana pasada el récord de la artista de habla española en Spotify con más reproducciones de un disco nuevo; mientras que en el listado Billboard 200 ingresaba directamente al N° 4 con 46.000 reproducciones, y la canción «Berghain», en compañía de Björk & Yves Tumor era la escalada más alta en el listado general de Spotify directo al N° 7, los demás nos preguntábamos si valía la pena explorar lo que pasaba con la música de la artista.
¡Qué álbum tan retador! Teniendo en cuenta que «retador» es una de las palabras que más escuché sobre este ingrato año.
En una industria de talento precario, Rosalía logra hacer girar las cabezas de los que aún escuchan un disco completo, de los que aprecian la composición, de los que se fijan en los detalles; de los que aprecian la música en su máxima complejidad (hablamos de instrumentaciones y coros, no de prejuicios). Y lo logró.
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«LUX» es una genialidad muy escasa en estos tiempos de fórmulas para algoritmos y de resultados facilistas inmediatos; contiene 16 canciones en las que hay que sumergirse, y algunas de ellas para recordar como la apertura y el cierre: «Sexo violencia y Llantas» y «Magnolias».
También se quedan «La Perla», «De Madrugá» y «La Yugular», pero «La Rumba del Perdón» es un resumen de dónde viene y por dónde ha pasado. Es una artista que tuvo que ir a lo mundano para poder elaborar lo divino. Al mejor estilo de los discos más densos del Rock, este álbum demanda tiempo, atención y volverlo a visitar.




