Con una emotiva ceremonia celebrada a los pies de la basílica de San Pedro y ante la mirada atenta de cerca de 200.000 fieles, León XIV inauguró oficialmente este domingo su pontificado.
En una jornada cargada de simbolismo y emoción, el nuevo pontífice recibió los emblemas del poder papal: el palio y el Anillo del Pescador, y dirigió un encendido mensaje en favor de la unidad eclesial y la reconciliación global.
La celebración comenzó temprano en la mañana con el primer recorrido del papa a bordo del papamóvil, saludando a las multitudes congregadas en la plaza de San Pedro y a lo largo de la Vía de la Conciliación.
La multitud, procedente de numerosos rincones del planeta, desbordaba emoción mientras agitaba banderas y entonaba cánticos en diversas lenguas, reflejo de la universalidad de la Iglesia que León XIV asume como guía espiritual.
Antes de la misa, el pontífice se recogió en oración en la cripta vaticana, ante la tumba del apóstol Pedro, lugar considerado el corazón de la tradición católica.
Fue allí donde, en un gesto de profunda solemnidad, se le impusieron los dos principales signos del ministerio petrino: el palio, una estola de lana blanca con cruces negras, y el Anillo del Pescador, símbolo del vínculo directo con San Pedro.
Imposición al Papa León XIV del Palio papal, signo del Buen Pastor y del Cordero entregado por amor y del Anillo del Pescador, símbolo de su misión como sucesor del Apóstol San Pedro durante la Misa de inicio de Pontificado. pic.twitter.com/xFkJuqeHG8
— News Vaticano 🇻🇦 (@news_vaticano) May 18, 2025
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El momento, cargado de emoción, dejó ver la conmoción de León XIV, que permaneció en silencio con la cabeza inclinada mientras asimilaba el peso de su nuevo rol como pastor de la Iglesia universal.
La misa de inicio del ministerio petrino se celebró en el exterior de la basílica, presidida por el nuevo papa y concelebrada por numerosos cardenales y obispos.
En la ceremonia estuvieron presentes autoridades civiles y religiosas de más de 150 países y organismos internacionales, subrayando la relevancia mundial del evento.
Durante su homilía, León XIV habló con humildad y firmeza. Recordó que fue elegido el pasado 8 de mayo sin buscar el honor, y expresó su compromiso con una Iglesia que sea “fermento para un mundo reconciliado”.
“Fui elegido sin tener ningún mérito y, con temor y trepidación, vengo a ustedes como un hermano”, declaró ante una plaza abarrotada.
El nuevo pontífice hizo un llamado a la unidad dentro del catolicismo, advirtiendo contra la tentación del aislamiento en el liderazgo eclesial.
“Un líder no debe caminar solo, sino como parte de un pueblo”, afirmó, proponiendo una Iglesia que sea “refugio de compasión” y no de división.
Asimismo, instó a la comunidad internacional a no ser indiferente ante las heridas del mundo.
“Vivimos tiempos marcados por demasiadas heridas causadas por el odio, la violencia, los prejuicios y el miedo a lo diferente”, lamentó.
También criticó duramente un modelo económico que “explota los recursos de la Tierra y margina a los más pobres”.




