Esta semana el periodista Guillermo Zuluaga Ceballos presentó la segunda edición de su libro “Mi Medallo, una pasión cosida al alma”, obra en la que a través de más de 20 deliciosas crónicas y testimonios da cuenta de los amores y desamores que inspira en la hinchada “El equipo del pueblo”.
La velada fue en el restaurante La Pampa Argentina del Mall Interplaza, en Medellín, y al escuchar la presentación catedrática del periodista deportivo Wbeimar Muñoz Ceballos sobre datos históricos de “El Poderoso de la Montaña” y la reseña del autor sobre los que inspira “El Poderoso” en su hinchada se le vienen a uno a la memoria escenas de lo que significa esa “Pasión cosida al alma” de miles de fanáticos que adoran al Deportivo Independiente Medellín.
Y es que cuando Guillermo Zuluaga en sus palabras evoca la amistad como el sentimiento que sirve para convocar a quienes desean conocer las historias del Medallo, o para ir a verlo al estadio Atanasio Girardot, vienen a mi memoria las escenas de inicios de la década de 1980 cuando mi papá y mi tío Aníbal nos inculcaban a mi hermano Adrian y a mí la pasión por el Medallo; en esos tiempos (no recuerdo el año) el traído del niño Dios fue el uniforme del DIM: camiseta, pantaloneta, medias, guayos y balón.

Constantemente el paseo dominical era ir a ver al Medallo al Atanasio Giradot, en la tribuna Oriental con mi papá y mi mamá y sus amigos, y degustar una bolsa de fritanga con carne, chunchurria, papitas criollas y otros ingredientes, que compraban en las casetas de las afueras del estadio. El combo de hinchas estaba integrado por: Fernando “El Mocho” (mi papá), Arbey “Periquillo”, Franklin “El Ñato Kilin”, Orlando “Navarro o Copa Rota”, y otros más que celebraban los goles y lloraban las derrotas de su equipo del alma. La faena la cerraban con unos guaros en la caseta de una viejita muy grosera que le puso a su chuzo “La Casa de la Cultura”, por los lados de lo que hoy se reconocen como las canchas Marte 1 y 2.
Hoy, más de 40 años después, la terapia del Medallo surtió efecto en mi familia, pero no en mí. Mi hermano Adrian está abonado y se va de parche con su familia un domingo, sábado o el día que toque con sus hijos Alejandro y Maria Alejandra y con su esposa Natacha a sufrir los partidos del Poderoso. Mis hermandas Leidy, con su hijo Jerónimo, y Natali también ocasionalmente siguen los encuentros del DIM en el estadio o en excursiones que arma la hinchada cuando juegan en otras ciudades.
Por mi parte, hace rato le perdí las ganas a ver fútbol, aunque confieso que una vez sí le acepté la invitación a mi papá y nos fuimos a ver al Medallo en el municipio de Jardín, porque la plaza (El Atanasio) estaba sancionada. Mientras mi papá fue a ver el partido, yo me fui con la novia de esa época a conocer el pueblo. También reconozco que me alegra la felicidad de mi familia las poquitas veces que han visto al Medallo campeón.
En la actualidad también tengo grandes amigos, vecinos y conocidos que son hinchas y que sufren los encuentros deportivos del Medallo como mis colegas Jaime Quintero, Fredy Arango (de la Panadería Aragonesa), Gabriel González (de salsaconestilo.com), Jorge Betancur (de IsNeurona) y su esposa Liliana Lenis; el profesor de la Uniminuto Richard Giraldo; y hasta un costeño cliente de mi negocio: Julián, un cordobés que vibra con El Rojo; hasta mi novia Adriana acepta que se siente atraída por El Poderoso. Así como ellos muchos otros llevan y se llevaron esa pasión cosida al alma, como mi vecino Hernán Castrillón, alias ‘Medallo’, quien falleció el pasado 26 de junio y que tuvo la osadía de comprar y trabajar en su carro rojo hasta sus últimos días; o como Caretorta DIM Palacios que falleció en mayo pasado y no pudieron ver este nuevo libro.
Así como estas anécdotas, pero mejor narradas, son las crónicas, relatos y testimonios que los lectores pueden degustar en las 216 páginas del libro “Mi Medallo, una pasión cosida al alma”, producido por Divergráficas, y que está disponible en diferentes librerías de la ciudad y el país.
En esta nueva edición, con prólogo de Wbeimar Muñoz Ceballos (Wbeimar lo dice), podrán encontrar historias como las de Doña Medalla; Raúl, el mandamás rojo; “Yo pensaba en la hinchada y me levantaba”, Germán Cano; y muchas otras más que engrosan las líneas que se han escrito sobre El Rojo de la Montaña a lo largo de más de 110 años de historia.
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Con la segunda edición de “Mi Medallo, una pasión cosida al alma” se pueden apreciar la versatilidad y la capacidad de Guillermo Zuluaga para despertar emociones y convocar a amigos, así no sean hinchas del rojo, porque lo que refleja en cada texto son “relatos de amor y desencuentros en esa “religión”, maniqueísta como todas, que solo admite dos posiciones: la de los míos y la de los otros”, como reseña Wbeimar Muñoz en su prólogo.
Esa noche del pasado 3 de julio, amenizada por los vinos de Dislicores y de su sommelier Luis Fernando Valencia “El Turco” [quien ante todos reconoció que es hincha de Nacional], fue un bello encuentro de hinchas rojos (y verdes), periodistas, funcionarios públicos, familiares y amigos que vimos el renacer del reportero y cronista Memo Zuluaga, quien va haciendo una excelente gesta como sus maestros Carlos Mario Correa, Ricardo Aricapa, Gonzalo Medina y Juan José Hoyos.





