La crisis de la radio colombiana es silenciosa y pasiva, pero se nota a simple escucha y los rápidos cambios se han tenido que asumir con urgencia y hasta improvisación frente a la transformación digital. Y ningún gerente/administrador del medio lo va a reconocer, porque en sus cubículos y escritorios todavía se sienten indispensables, pero hay algo en el aire.
Hace unas semanas pensaba en escribir un análisis del retroceso que indica pasar a Radiónica del FM a la frecuencia más olvidada por las nuevas generaciones, el AM en Cali y Medellín y lo que han implicado estos 20 años de funciones de una emisora de interés público que se jacta de «independiente» cuando depende no solo de los recursos del estado, sino de las decisiones políticas.
Evidentemente, mandarlos al rincón descartable de la Amplitud Modulada es como mandar a un periódico de este tiempo a que se limite al alcance del impreso, cuando ni siquiera cuenta con una App eficiente que trafique y mantenga a su audiencia interesada; todo fue en mayoría vanidad y caprichos de estrellas que la han visto oscura frente a nuevas realidades.
Hace 12 años, el entonces director nacional de Radiónica se jactaba en una presentación social diciendo que eran un sistema radial que tenía 800 mil oyentes en Colombia «sin poner un reggaetón»; le voy a decir quién tiene más oyentes en una sola ciudad y sin poner un solo Bad Bunny: ¡Olímpica Estéreo! En Medellín, una sola ciudad llega a los 700 mil.
Me sonaba particular y hasta chistoso que dijera eso mi querido amigo entonces, y los números eran impresentables. Dirán que para un «medio público no comercial» es aceptable, pero siempre me pregunto ¿Entonces para quién está hecha una emisora así? ¿Para el director?
Desde que la radio en general perdió el deber de prestar un «servicio público», todo se ha ido al traste, y nos quedamos en la espumosa trampa de las métricas al otro extremo. Y no es que me alegre que pasen a Radiónica al sótano, pues ahí tengo un par de amigos cercanos, me parece que iba a pasar.
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Si competir en radio FM está duro en un esquema comercial hoy, en AM es imposible. Desde que La Radio Nacional (RTVC) se ha convertido en otro bastión de campaña para el gobierno actual, necesitan competir con los que no están interesados en leer al pie de la letra lo convenientes comunicados de la Casa de Nariño, y para eso necesitan las frecuencias en FM, como lo explica claramente Tito López en esta conversación con Carlos Oñoro, que me desveló anoche.
«Y si por allá llueve, por aquí no escampa». Es una lástima que hayan vuelto a enlazar a Radioactiva Medellín con la de Bogotá permanentemente, con eso se muere la oportunidad de protagonismo local, lo mismo que pasó un par de veces en el pasado, pero a los sistemas centralizados colombianos les conviene en este momento de crisis manejar todo desde una sola fuente y los despidos empiezan a llegar por decenas, como pasará con RCN al devolver las frecuencias muertas de AM y cerrar Fantástica en Medellín para darle paso a la necesaria FM musical todo el tiempo y poner la otra de sólo noticias, un modelo que ya entendimos en La W+ y que a duras penas suma oyentes.
Mientras tanto, los veteranos del medio, los que han ayudado a construir sistemas y cultura musical en Colombia, nos hemos tenido que apartar o conformarnos con un programa ocasional por ahí donde se pueda en una emisora virtual en la era de las Apps o en un buen podcast permanente, porque la radio es una enfermedad mental, el problema es que cada vez queda menos dónde hacerla y hacerla como es ¡Con gente y recursos!
hace una década, un gerente de radio me explicaba que su cadena no necesitaba «transformación digital», porque ellos no eran ni Google ni Facebook, yo le dije que era evidente, pero que las dos multinacionales llegarían por su presupuesto y se rió; ya se le borró la risita, y están más preocupados que usted y yo, porque la crisis de la radio es silenciosa y pasiva, pero se nota a simple escucha, porque la plata se les está yendo de las manos hacia un medio considerado amateur, Internet. Y peor aún, hacia talentos despreciables y tal vez descartados como los tales influencers y marcas personales. Y cada vez escuchamos radio por menos tiempo en el transporte, porque fue a parar a un ecosistema donde todo distrae y compite, el teléfono.




