La historia de Killari, una joven puma rescatada del tráfico ilegal en el peaje El Trapiche (Girardota), se ha convertido en un poderoso recordatorio sobre las consecuencias del comercio de fauna silvestre y la importancia de proteger los ecosistemas colombianos.
Aunque su vida comenzó con una pérdida —la separación de su hábitat y de su madre siendo apenas una cría—, hoy Killari habita en la Fundación Zoológica de Cali, donde recibe los cuidados necesarios para garantizarle bienestar y seguridad, tras haber perdido sus instintos naturales de supervivencia.
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Un rescate con sabor agridulce
La puma fue recuperada por la Policía Nacional en un operativo de control en el peaje El Trapiche, en el municipio de Girardota (Antioquia). Posteriormente, fue llevada al Centro de Atención y Valoración (CAVR) del Área Metropolitana, donde recibió los primeros auxilios y atención especializada.
Sin embargo, los expertos de la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia) identificaron rápidamente un signo preocupante: Killari había sido amansada. El contacto prolongado con humanos borró sus instintos naturales, como el miedo, la caza o la defensa de su territorio, lo que hizo imposible su reintegración al medio silvestre.
A pesar de los esfuerzos por rehabilitarla, los especialistas determinaron que no podría sobrevivir en libertad. Su destino estaba marcado: vivir bajo cuidado humano sería su única opción de supervivencia. Así llegó, a mediados de abril, al Zoológico de Cali, donde ha iniciado una nueva etapa de adaptación.

Una segunda oportunidad en Cali
En su nuevo hogar, Killari ha mostrado progresos notables. Su proceso de adaptación ha sido gradual, enfocado en fortalecer habilidades naturales como el uso de las garras y la exploración de su entorno.
Desde la Fundación Zoológica de Cali se destaca que estos espacios no solo albergan animales rescatados, sino que cumplen un rol esencial en la conservación de especies amenazadas, mediante programas de educación ambiental, reproducción y reintroducción controlada.
El rol vital del puma en los ecosistemas
El puma (Puma concolor) es un depredador tope, es decir, ocupa el nivel más alto en la cadena alimenticia. Su presencia garantiza el equilibrio ecológico, regulando poblaciones de herbívoros y permitiendo que los bosques y páramos mantengan su salud y regeneración natural.
Proteger al puma significa proteger todo un ecosistema. Por ello, esta especie es considerada una “especie sombrilla”: su conservación asegura la supervivencia de múltiples formas de vida en su entorno.
Un llamado a frenar el tráfico de fauna silvestre
El tráfico ilegal de animales es el cuarto negocio ilícito más lucrativo del mundo, y Colombia, por su biodiversidad, es una de las principales víctimas. Cada ejemplar extraído de la naturaleza representa una cadena de sufrimiento que comienza con la caza furtiva y termina, muchas veces, con la muerte o el cautiverio.
La historia de Killari nos recuerda que los animales silvestres no son mascotas. Su lugar está en libertad, cumpliendo un papel esencial en el equilibrio natural.
Denunciar el tráfico de fauna, apoyar programas de conservación y promover la educación ambiental son pasos clave para que futuras generaciones de pumas puedan volver a correr libres en las montañas colombianas.
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