Por: Mauricio Galeano Quiroz – Comunicador Social-Periodista – @maurosgal
Cuando se iba a montar al carro se quedó mirando con desconfianza al tipo atravesaba la calle y que la vigilaba desde que salió de su casa, y expresó: «Ah, este man tan sapo… ¿Será que me delata?». Igual se sentó adelante, se abrochó el cinturón y se quedó pensativa.
Arrancamos… Después de unos 2 kilómetros recorridos y de haber salido de su barrio, ubicado en el norte del área metropolitana en territorio bellanita, me indicó que íbamos para Maracaibo. Por su vestimenta, un uniforme similar al que usa el personal de la salud y encima un saco de hilo, le pregunté: «¿Vamos a la Clínica Medellín del Centro?». «No, más abajo, a la Barra Ejecutiva», respondió con picardía.
Laura llevaba trabajando allí dos años cuando me contó que lo hacía para pagar sus estudios de una técnica en belleza estética facial y que con eso aprovechaba también para comprar materiales. «Mi objetivo es terminar mis estudios para montar un spa de pestañas y cejas; lo que pasa es que mi marido es obrero y no le alcanza para costearme lo que requiero».
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Ella aprovecha algunas noches en semana, cuando su esposo tiene jornada nocturna de trabajo, y se escapa para la Barra Ejecutiva a conseguir algunos clientes entre las 10 de la noche y las 3 o 4 de la madrugada. «Allá me va bien, pero es una vida muy dura. El trasnocho es duro y los borrachos peor. Pero en una jornada buena me puedo hacer la plata para mis cosas y pagarle a una amiga que me cuida la niña».
¿Y su esposo no se da cuenta de que usted está trasnochada y con olor a licor?, le pregunté como buen metido. «Allí no consumo nada de licor solo agua o soda. Siempre llego a la casa antes que él; me baño y lo espero. Apenas él llega del trabajo, le doy algo de tomar, le hago el amor, nos cansamos, dormimos juntos y nos reponemos a la par… Así no sospecha de mi cansancio por el ajetreo de la noche».
Cuando llegamos a la Barra, ella me paga, se despide amablemente y me dice que gracias a la conversación se le olvidó el azare que tenía con el tipo que la vió montarse al carro y confiesa que su temor es que algún día le cuente a su marido sobre sus salidas noctámbulas.




