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Hablemos de parlache | Podcast

Por: Gabriel Posada - Transformación Digital & Contenido - @GabrielPosada

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En Medellín, una ciudad de contrastes y transformaciones, el lenguaje nunca ha sido un mero vehículo de comunicación: es un espejo de su historia, sus luchas y su identidad.

Para 2025, el parlache —ese dialecto social nacido en las comunas populares en los años 80— ha dejado de ser un código marginal para convertirse en un fenómeno cultural omnipresente en toda la sociedad, sin distinción de estratos.

Su influencia no solo permea las calles, sino que redefine el lenguaje en todos los escenarios, la industria musical, el entretenimiento y hasta la forma en que Medellín se proyecta al mundo.

Sin embargo, esta evolución lingüística no está exenta de tensiones: mientras unos celebran su vitalidad como resistencia cultural, otros la ven como una vulgarización del español, síntoma de un arraigo necesario y acelerado por la globalización.

El parlache, gestado en los barrios populares de Medellín surgió como un lenguaje de resistencia. Palabras como parcero (amigo), sisas (alargamiento de la palabra sí), sornero (discreto) o cucho (viejo) no eran solo jerga: eran códigos de supervivencia en una ciudad fracturada por la violencia y la exclusión.

Para 2025, sin embargo, estas expresiones han trascendido su origen. Ver un mural con la palabra parcero en un muro de barrio, o en el nombre de una tienda es una declaración de pertenencia.

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Los sectores más conservadores, sin embargo, ven en esta evolución lingüística una degradación. Académicos como el escritor Héctor Abad Faciolince critican el parlache como «un lenguaje que glorifica la ilegalidad», a mí personalmente me aterrró la palabra «Parcero» cuando llegó al lenguaje de mis propios amigos al final de los años 90.

Incluso «Juanes» puso por título «Parce» a su disco de 2006, cuando yo ya había logrado digerirla e integrarla a mi vocabulario.

¿Cuánto se tarda uno en aceptar el léxico de los demás? Tal vez toda la vida, o «mero» rato, mientras que influencers como @ProfeDeLetras tildan los anglicismos de «sumisión cultural».

La polémica llegó al Congreso colombiano en 2024, cuando un ridículo proyecto de ley buscó «proteger el español» en medios, exigiendo subtítulos para programas con parlache o jerga digital; es decir, había que hablar en español con dos copias.

La iniciativa fracasó, por supuesto, pero reveló una brecha generacional: para los mayores, el lenguaje se «empobrece»; para los jóvenes, se libera. Como sugerían algunos comediantes ya clásicos: «Empobrezca su vocabulario».

¿Vulgaridad? Tal vez. Pero como diría un parcero en la comuna: «El que se incomoda es porque en el fondo le cuadra», pero desde mi experiencia con el idioma, estimo que hablar bien no puede ser un desafío semántico, sino una simple forma de cortesía con el oyente.

Pero, de radio hoy no vamos a hablar. «El lenguaje es un mapa de la identidad; cada palabra es un territorio por explorar».

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