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¡Gracias por su atención!

Por: Gabriel Posada - Transformación Digital & Contenido - @GabrielPosada

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Hace 14 años estaba entrenando algunos de los primeros community managers del mercado antioqueño, y comencé a promover la tecnología junto con otras comunidades como un puente para acercarnos a un nuevo mundo, uno en el que el crecimiento exponencial nos ayudaría a alcanzar otro nivel de vida y de economía.

Entonces las redes sociales y las plataformas llegaron a un país en el que se veía mal que un colombiano promedio viajara en bus, pero que tuviera Blackberry; el mismo que pronto tendría un celular «inteligente» como todos los demás, ya que la tecnología dejó de ser exclusiva de un grupo selecto con poder adquisitivo para uniformarnos a todos pronto bajo el mismo sistema operativo.

¿Y eso qué tiene que ver con educación? ¡Todo!

La tecnología llegó para quedarse, y gracias a ella se han acortado algunas brechas educativas, informativas y hasta de oportunidades; la pandemia del COVID 19 aceleró el proceso y pronto nos dimos cuenta que entender un código QR no solo era necesario, sino normal, y que tener NETFLIX era ya tan corriente como tener un televisor, aún para una generación que pagamos dos pesos en nuestra niñez para ver Plaza Sésamo o El Chavo. Entendimos que trabajar desde la casa era hoy tan viable tanto para un gerente, como para un empleado; que participar de un webinar ya no era de un gremio sofisticado, sino una necesidad hasta para la educación.

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Pero hay un problema. La humanidad empezó a permitir el dominio de la atención por los dispositivos, y todos resultamos demasiado ocupados perdiendo el tiempo en una distracción infinita, porque ahora llevamos los mensajes y aplicaciones en el bolsillo; ya no hay que ir a una biblioteca o a un café Internet una vez al día para leerlos o enviarlos.

Lo peor, es que, muchos papás ocupados asumieron que esa distracción podría ayudar con el entretenimiento de sus hijos, y ahora tenemos un índice menor de atención que en otros tiempos, comparable sólo con la atención estricta de un pez dorado cuando nos observa desde su acuario: ¡Nueve segundos!

Todos estamos distraídos, incluso hasta en el parquecito con nuestros niños; esperando que disfruten, pero que se agoten. Y eso que aún quedan niños que van al parque… necesitamos más papás que jueguen enfocados en ellos, así como una profe del jardín dedica jornadas enteras enfocada, no en uno, sino en todos. Ella convoca: ¡»Amigos»! Y todos obedecen al llamado.

¿Ha visto usted cuántos papás están realmente en el parque y no en el celular?

Bueno, yo soy de los que tengo que disimular para sacarlo del bolsillo y tomarle una foto a mi hija de cinco años, porque llegó a esa edad en que tampoco quiere que se las tome.

Una de las cosas más increíbles que jamás pensé que iba a aprender de la tecnología es a prescindir de ella para prestarle total atención al juego y la actividad de mi hija, aún para bañarse. Ella me enseñó a apagar los datos o a poner el teléfono en silencio hasta que terminemos cualquier actividad, y lo logramos, como asumo que hace una profe como la suya cuando llama al grupo: «Filita detrás de mí…» Por estos días he logrado bajar el tiempo al uso del teléfono según una App.

En su infancia, el escritor Jorge Luis Borges pasaba mucho tiempo en la biblioteca de su padre y su atención se enfocaba en los libros. En una entrevista que precisamente le hizo un muchachito, Borges se describió a sí mismo como «un niño insufrible» que pasaba muchas horas de la noche leyendo. Matías Alinovi escribió entonces un libro infantil llamado «El secreto de Borges», que está basado en la experiencia real que vivió con el escritor argentino y cuenta la historia de un niño de nueve años que conoce a Borges y visita su casa con todo su salón.

¡Eso sí que debe llamar la atención!

Existe una publicación científica que recopiló la información que desató la reciente ola de la IA ¿Y curiosamente, saben cómo se llama? «Attention is all you need»; así es, «Atención es todo lo que necesitas».

Gracias, profes de toda la comunidad docente por la suya con nuestros hijos. La atención se convertirá en el valor social más preciado por encima del poder; y ya vemos cómo algunos suplican por ella en publicaciones y tendencias, pero para lograr la atención de un niño se necesita la empatía y autenticidad que a ustedes les sobra.

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