En Elogio de los Oficios (1961), Castro Saavedra rinde homenaje a los trabajadores colombianos de diversos oficios. Con un lenguaje sencillo y directo, el poeta describe la importancia del trabajo manual y la dignidad de los trabajadores y artesanos.
El libro merece ser redescubierto como un clásico popular, y acaba de actualizarse con nuevos elogios que no habían sido publicados. Su mensaje resuena hoy, cuando la automatización amenaza oficios ancestrales, cuando cada labor terminada en «ía» podría ser reemplazada por la IA, pero a su vez, también surgen movimientos de economía colaborativa y artesanía digital como este para evidenciar en una burbuja tecnológica que simplemente los oficios no mueren, se transforman en la piel de la historia.
La reedición del texto fue lanzada para celebrar el centenario de su nacimiento con prólogo de Alberto Escovar y diagramación de María Lucía Giraldo, y se consigue en La Pascasia y en Ítaca, Medellín.
Carlos Castro Saavedra nació en Medellín, Colombia, el 10 de agosto de 1924, y murió en abril de 1989. Fue un poeta y con el poema «Plegaria de América» obtuvo un premio en Berlín, que años más tarde le granjearía, a nivel nacional, el premio Germán Saldarriaga del Valle del Club Rotario.
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Dicen que el orgullo de Castro Saavedra era tan grande como su talento. Por eso no dejó que sus amigos poetas, entre ellos Manuel Mejía Vallejo, recolectaran un dinero para ayudarle a construir la casa en un lote que compró vendiendo por $10 mil los derechos de autor de su obra maestra «Elogio de los Oficios».
Este hermoso manifiesto poético que dignifica el trabajo manual en una región donde el sudor construye naciones pero rara vez recibe monumentos. Con un lenguaje sencillo y lírico, Castro Saavedra retrata oficios como la albañilería, la carpintería o la pesca, revelando su profundo significado existencial y social. Como señaló el crítico literario Juan Gustavo Cobo Borda: «Castro Saavedra logra lo que pocos: convertir el trabajo en epopeya y al obrero en héroe anónimo».




