Durante cuatro años, las calles estuvieron en silencio frente a temas que golpearon directamente la calidad de la educación superior en Colombia. No hubo grandes marchas contra la corrupción en universidades, los títulos exprés, la caída en los estándares académicos o las dificultades estructurales de la investigación científica.
Sin embargo, hoy reaparece un sector del denominado “movimiento estudiantil”, no para defender las causas históricas de los jóvenes, sino para hacer política partidista y salir en defensa de un gobierno que les ha incumplido.
Los hechos son contundentes. Más de 131.166 estudiantes de estratos 1 y 2 han visto incrementadas de manera dramática las cuotas de sus créditos del ICETEX tras la decisión del Gobierno Nacional de retirar los subsidios a las tasas de interés.
Casos documentados muestran aumentos de hasta el 93% en las cuotas mensuales, obligando a familias de bajos ingresos a asumir pagos adicionales que superan los dos millones de pesos.
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Para miles de hogares colombianos, semejante incremento representa mucho más que una cifra: es un golpe directo a sus proyectos de vida.
El riesgo de deserción universitaria aumenta mientras el acceso a la educación superior se convierte nuevamente en un privilegio y no en una oportunidad.
La situación se agrava con el drástico recorte en el número de becas estudiantiles. Mientras en años anteriores el promedio de beneficiarios rondaba los 30.000 jóvenes por año, para 2025 apenas se proyectan 6.570 cupos, mientras que en 2026 no conocemos crifras reportadas por el Gobierno del «Cambio».
A esto se suma la eliminación del programa Estado Joven, que facilitaba el acceso al primer empleo mediante prácticas remuneradas en el sector público, y el incumplimiento de promesas relacionadas con la ampliación de la cobertura universitaria pública.
Paradójicamente, frente a estas decisiones que afectan directamente a los estudiantes más vulnerables, no se observan movilizaciones masivas ni pronunciamientos contundentes de quienes hoy convocan marchas. La indignación parece aparecer únicamente cuando coincide con intereses políticos.
La educación fue una de las principales banderas que impulsó el cambio prometido por el presidente Gustavo Petro. Sin embargo, para miles de jóvenes colombianos la realidad ha sido distinta: menos becas, más deuda, menos oportunidades laborales y promesas incumplidas.
La pregunta que queda en el aire es simple: si no es ahora, cuando los estudiantes enfrentan mayores dificultades para acceder y permanecer en la universidad, ¿cuándo volverán las marchas por la educación?


