Dos ilustres sevillanos

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Mi última jornada del primer viaje a la que fue capital del mundo civilizado, comenzó a las 11 de la mañana.

Hice fotos de una esquina de la Calle San Roque, de la fachada del Museo de Bellas Artes, de un azulejo de la Hermandad del Santísimo Sacramento, de los árboles de la Puerta Real, de Santa Rita de Casia, San Jodas Tadeo, San Cayetano y Calle Laraña, hasta llegar a la casa natal del más grande pintor de todos los tiempos: Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660).

Más conocido como Diego Velázquez, pasó sus primeros años en Sevilla, donde desarrolló un estilo naturalista de iluminación tenebrista, por influencia de Caravaggio y sus seguidores. “A los 24 años se trasladó a Madrid, donde fue nombrado pintor del rey Felipe IV y cuatro años después fue ascendido a pintor de cámara, el cargo más importante entre los pintores de la corte. A esta labor dedicó el resto de su vida. Su trabajo consistía en pintar retratos del rey y de su familia, así como otros cuadros destinados a decorar las mansiones reales. Su presencia en la corte le permitió estudiar la colección real de pintura que, junto con las enseñanzas de su primer viaje a Italia, donde conoció tanto la pintura antigua como la que se hacía en su tiempo, fueron influencias determinantes para evolucionar a un estilo de gran luminosidad, con pinceladas rápidas y sueltas. En su madurez, a partir de 1631, pintó de esta forma grandes obras como La rendición de Breda”.

“En su última década su estilo se hizo más esquemático y abocetado, alcanzando un dominio extraordinario de la luz. Este período se inauguró con el Retrato del papa Inocencio X, pintado en su segundo viaje a Italia, y a él pertenecen sus dos últimas obras maestras: La familia de Felipe IV (más conocida como Las meninas) y Las hilanderas. Su catálogo consta de unas 120 o 130 obras. El reconocimiento como pintor universal se produjo tardíamente, hacia 1850. Alcanzó su máxima fama entre 1880 y 1920, coincidiendo con la época de los pintores impresionistas franceses, para los que fue un referente. Manet se sintió maravillado con su obra y le calificó como «pintor de pintores» y «el más grande pintor que jamás ha existido». La parte fundamental de sus cuadros que integraban la colección real se conserva en el Museo del Prado” (Wikipedia).

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Dada la importancia del pintor pensé en encontrarme con una Casa Museo dedicada a sus años iniciales, pero no. El lamentable estado de la casa de la calle Padre Luis María Llop me hizo pensar en que las autoridades culturales de España tenían una gran deuda. Para grata sorpresa, un año después me entero de la recuperación de la Casa Natal de Velázquez, a partir de su conformación como Propuesta Cultural de Sevilla y su conversión en Fundación. Les deseo lo mejor en su objetivo de “poner en valor el legado del maestro barroco en el contexto de la ciudad que lo vio nacer”. “La Casa natal de Velázquez es la única vivienda que habitó el pintor que continúa en pie hoy en día, así como uno de los escasos rastros que pueden seguirse en Sevilla de la arquitectura popular de la época” (https://casanatalvelazquez.com) ¡Cuánta alegría que se haya hecho justicia con el más grande pintor de la Historia!

Ya era mediodía y, al salir de la estrecha calle, me refugié un rato en la sombra de los centenarios árboles de la Plaza del Cristo de Burgos. Aproveché para conocer un poco sobre el artista tributado con una escultura en la plaza. “Manuel Serrapí Sánchez (1904-1972) conocido como “Niño Ricardo”, fue un guitarrista flamenco considerado uno de los iniciadores del toque flamenco contemporáneo” (Wikipedia).

Volví a la Plaza Mayor para apreciar de mejor manera el Metropol Parasol. Más conocido como las Setas de Sevilla, el lugar es sinónimo de deporte, música, cultura y ocio. “Es un espacio diseñado para dar cabida a grandes eventos multitudinarios. Un lugar diáfano y bajo el cobijo de la mayor estructura de madera del mundo. Un espacio para todos plenamente accesible desde todos los puntos cardinales. Con casi 4.000 metros cuadrados y a cinco metros de altura es la mayor plaza peatonal en sombra de Sevilla, lo que aporta un valor añadido a cualquier evento en cualquier época del año, incluso en los días de calor extremo la temperatura en este lugar es sensiblemente inferior”. (https://setasdesevilla.com). Luego anduve por el Ateneo de Sevilla, la Calle Javier Lasso de La Vega, la Calle Amor de Dios, la Calle Ana Orantes y la Calle Jesús del Gran Poder, hasta llegar a la Calle del Conde de Barajas donde se encuentra otra importante casa natal muy importante para este servidor.

“Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida (1836-1870), más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, fue un poeta y narrador sevillano, perteneciente al movimiento del Romanticismo (aunque la historiografía literaria concuerda con que realmente pertenece al Posromanticismo por fechas y por temas y estilo literarios). Aunque en vida ya alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación del conjunto de sus escritos obtuvo el prestigio que hoy tiene. Su obra más célebre es Rimas y Leyendas, un conjunto de poemas dispersos y relatos reunidos en uno de los libros más populares de la literatura hispana”. (Wikipedia).

Los poemas de Bécquer despertaron en quien escribe la necesidad de compartir, en forma de verso, mi visión del mundo. Su compañía fue definitiva en los años incipientes de mi formación literaria. Habría querido entrar a la casa natal, pero está convertida en otra distinta a la que existía en su época. Me pareció una casa de familia o apartamentos de alquiler por Airbnb. Solo se conserva la fachada de fines del siglo XIX. Tomé fotos de ella, rendí tributo agarrando su picaporte, como suelo hacerlo. Hice una foto de la Calle Cantabria y llegué al sitio que el destino me tenía reservado: la Plaza de San Lorenzo, uno de mis patronos.

En una banca de esa Plaza se me reveló el mundo. Allí estábamos, desde siempre, Hernán Cortés, Juan de Mesa, Diego Velázquez, Gustavo Adolfo Bécquer y yo, gracias a una pluma blanca de paloma que cayó a mis pies.

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John Alexander Rodríguez
John Alexander Rodríguezhttp://elmetroco.wordpress.com
Comunicador Social - Periodista de la ciudad de Medellín con más de 20 años de experiencia. Amante de la buena música, deeejay los fines de semana y emprendedor.
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