La primera línea son los chicos que, con escasos 100 mil pesos en indumentaria, se arman de un casco de construcción, una bandera de Colombia amarrada al cuello cual superhéroe, gafas antigases y máscara con filtros, cargan la mitad de una caneca que les sirve como escudo y se paran de primeros a contener los chorros de agua de las tanquetas del Esmad.
Aplausos para esos jóvenes que se enfrentan contra un ejército letal, bien vestido, de armadura, cascos y armas, todo cercano a los 15 millones de pesos por individuo y lo peor, dispuestos a matar.
Desproporcionado, sí, pero más desproporcionado el desaire de algunos sectores, la espalda dada a esta lucha, no el olvido que seremos, si parafraseamos a Abad, sino el olvido que somos, ya, ahora. Uno de esos sectores es la cocina y los cocineros. He leído a muchos chefs enojados, molestos, iracundos, porque no pueden abrir sus restaurantes, porque los ingredientes se encarecieron, porque esos vándalos no dejan arrimar cliente.
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Algunos de esos quejumbrosos son los que predican el famoso respeto por el ingrediente, que por demás confieso, siempre me ha parecido enguandia, uno respeta a la persona, al comensal, respeto es comprar buenos productos a precio justo, cocerlos bien y venderlos a precio justo.
¿Dónde está la primera línea de los cocineros? ¿dónde está el discurso, el manifiesto, la misiva al gobierno sobre el maltrato al campesino, sobre la dañina aspersión de glifosato, dónde están los cocineros que le digan al Estado que detenga la importación de maíz transgénico, que pare la compra de leche extranjera, que mejore las vías terciarias, que investigue y acabe con las mafias intermediarias de Corabastos y La Mayorista? ¿Por qué callan quienes dicen respetar el producto, si nuestro arroz se queda en costales porque llega otro de Tailandia, porqué el silencio si el ñame no se vende, ni la piña ni los quesitos, porque llegan latas de China con ananás o quesos baratos de Wisconsin a tiendas de descuentos duro?
La primera línea, creería uno, debe estar compuesta por los famosos del fogón, por los jueces de realities, por los que atienden cenas y almuerzos de senadores, ministros o despachan en cocina de Palacio, por los que bruñen una estrella, por los que le hicieron campaña al presidente actual en zonas apartadas y convencieron a humildes que esos votos estarían bien invertidos.
No, qué va, cómo van a perder clientela, ni bobos que fueran. ¿La primera línea de la cocina colombiana está vendida, se vendió al capitalismo puro y duro, a hipermercados o a las multinacionales de alimentos procesados que les pagan un viaje o una carpa para el restaurante, el juego de cristalería y el enchape de los baños a cambio de promover sus salsas, caldos o aguas importadas?
Le tocará a los cocineros de abajo, los que admiran a esas vedettes de la cocina, tomar los cascos y las capas y pararse duro en la primera línea, decirle al país consumidor ¡no más! no tenemos carne wagyú ni american certified, pero hay brahma de Caucasia o de Los Llanos, se acabó el pad thai con arroz jasmín, pero lo tenemos con nuestro paddy seco, del Tolima, no hay té azucarado, pero tenemos aguapanela de un trapiche cercano.
Todavía se puede conformar una primera línea de la cocina colombiana, es necesaria e importante, muy mucho importante, no saben cuánto.




