Resulta indignante escuchar a ciertos sectores políticos hablar de “desigualdad histórica” mientras llevan años instalados en los privilegios del poder, viviendo del Estado y atacando precisamente a quienes, con esfuerzo, buscan salir adelante por medio de la educación.
Ese parece ser el caso de la senadora y ahora candidata a la vicepresidencia Aída Quilcué, quien completa ya casi 48 meses en el Congreso de la República devengando salarios y beneficios que superan los 1.500 millones de pesos. Una cifra que para millones de colombianos resulta sencillamente inalcanzable.
Lo preocupante no es únicamente el dinero que ha recibido del erario. Lo verdaderamente grave es el discurso de odio de clase que promueve cuando señala a egresados de universidades privadas de “robarse la plata del pueblo”, como si estudiar en una institución privada fuera un delito o una muestra automática de corrupción.
En Colombia, miles de jóvenes de escasos recursos hacen enormes sacrificios para acceder a la educación superior. Muchos trabajan de día y estudian de noche. Otros deben endeudarse con el ICETEX para perseguir el sueño de convertirse en profesionales y darle una mejor vida a sus familias.
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Pero mientras el discurso oficial habla de justicia social, la realidad golpea distinto. El gobierno de Gustavo Petro dejó sin recursos suficientes al ICETEX, incrementó las tasas de interés y terminó traicionando a toda una generación de estudiantes que creyó en las promesas de cambio.
Ahí sí existe una verdadera exclusión: en los jóvenes que hoy ven frustrado su futuro porque el Estado les cerró las puertas del crédito educativo. Ahí sí existe desigualdad: en quienes no tienen padrinos políticos, no viven del Congreso y no cuentan con salarios millonarios financiados por los contribuyentes.
El país atraviesa un momento decisivo. Por eso, los ciudadanos deben votar con criterio, memoria y responsabilidad. Este domingo 31 de mayo no solo se elige presidente: también se define qué tipo de sociedad queremos construir.
Una basada en el esfuerzo, la meritocracia y las oportunidades, o una atrapada en la hipocresía política y el odio de clases.




