Esta semana, con sorpresa y profunda tristeza, recibí la noticia del nuevo fallo de la Corte Constitucional según el cual se aprueba el suicidio asistido al eliminar las penas que el Código Penal contemplaba para tales casos.
No me siento orgullosa de saber que mi país es el primero de la región en tomar semejante decisión.
Me resisto a creer en la falsa idea del «derecho a la muerte»… ¡Ese derecho no existe!
Al contrario, tengo claro que la Constitución colombiana consagra el Derecho a la Vida y éste es el que hay que cuidar, proteger y defender.
¡0 y van 3! La Corte despenalizó la eutanasia, despenalizó el aborto hasta la semana 24 de embarazo y ahora despenaliza el suicidio asistido… ¡Despierta Colombia!
No nos podemos convertir en un cementerio.
Ha sido bastante la sangre que se ha derramado en nuestro país por cuenta de la violencia y el narcotráfico para seguir sumando nuevas causas dizque «legales».
Por si acaso se nos olvida, existe una ley superior que dice «No matarás» y que nos invita a no hacer uso del «permiso» que decisiones humanas inmorales están tomando para llevarnos a pensar sólo en el momento. La muerte nunca puede ser una opción. Sólo Dios es el dueño de la vida, sólo Él puede decidir quitarla. Cualquier intervención humana en pro de acabarla, bajo cualquier argumento o «justificación», crea un problema mayor que el que, seguramente, se pretende solucionar.
En el evangelio, Jesús nos dice: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Esa vida abundante no implica ausencia de problemas y dificultades, de hecho, estos son bendiciones de Dios para la formación de nuestro carácter.
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Es un mal mensaje decirle a quien pasa por una situación complicada que la alternativa es la muerte, especialmente cuando estamos llenos de jóvenes que presentan desórdenes emocionales. No podemos dejar perder nuestra juventud por no saber que esa decepción amorosa o esa frustración que hoy viven pasará y que llegarán mejores días.
Los médicos no se pueden convertir en aliados de malas decisiones so pretexto de «necesitar» una receta para acabar con la propia vida.
En contraposición a tanta muerte, aparece una luz de esperanza: El Referendo por la Vida ha sido admitido. Tendremos la oportunidad de manifestarnos como ciudadanos y decir que ¡Colombia es Provida!
En Deuteronomio 30:19 dice: «A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia». La invitación es, siempre, a escoger la vida.
En las próximas elecciones presidenciales, yo me atrevo a votar por el candidato que, siempre, ha defendido la vida desde la concepción hasta la muerte natural y que, además, hace parte del comité promotor del Referendo por la Vida: John Milton Rodríguez. Los invito a conocerlo y a considerar su voto por la defensa de la vida, la familia y la libertad.




