Brasil escribió una página dorada en su historia deportiva este domingo en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina 2026.
El esquiador Lucas Pinheiro Braathen conquistó la medalla de oro en el eslalon gigante del esquí alpino, entregándole al país —y a toda América Latina— la primera presea dorada olímpica invernal de su historia.
Así vivió la TV Brasilera la primera medalla olímpica y encima de oro en la historia de Sudamérica en los JJOO de invierno.
Es cine total y al mismo tiempo una vergüenza descomunal para Chile y Argentina. El tercer mundo expuesto como nunca.
— Milton Friedom5 ✈️ (@MiltonFriedom5) February 15, 2026
La hazaña, lograda en el exigente trazado italiano, no solo representa un triunfo individual, sino un hito continental en una disciplina históricamente dominada por potencias europeas y norteamericanas.
En el escenario de Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina 2026, Braathen rompió los pronósticos y abrió una nueva era para el deporte brasileño.
Una historia entre dos mundos
Nacido en Oslo, Noruega, Braathen posee nacionalidad brasileña por su madre y una biografía profundamente marcada por el cruce de culturas.
Su infancia transcurrió entre la capital noruega y el estado de São Paulo, alternando temporadas con su familia materna en Brasil.
Fue precisamente en territorio brasileño donde nació su primera pasión deportiva: el fútbol. Durante años jugó en escuelas y compartió partidos con sus primos, soñando con convertirse en profesional. Sin embargo, el destino tenía preparada otra pista.
A los nueve años decidió probar el esquí alpino, disciplina que su padre promovía con entusiasmo. Aquella elección cambió el rumbo de su vida. Lo que comenzó como una experiencia nueva terminó convirtiéndose en una vocación definitiva.
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De promesa europea a ídolo brasileño
Su talento técnico, combinado con una agresividad controlada en el descenso y una lectura precisa de las puertas en el eslalon gigante, lo catapultó rápidamente a la élite mundial.
Durante varios años representó a Noruega, consolidándose como uno de los esquiadores más finos y espectaculares del circuito internacional.
Ahora, bajo la bandera brasileña, su victoria en Milano-Cortina no solo simboliza una decisión personal, sino una reivindicación identitaria y un mensaje poderoso para el deporte latinoamericano: los límites geográficos no determinan los sueños.
El oro de Braathen marca un antes y un después para Brasil en los deportes de invierno. Un país tradicionalmente asociado al fútbol, el atletismo y el voleibol celebra hoy una conquista inesperada, pero profundamente significativa.




