Hace un año, el Banco de Bogotá, en alianza con VISA y la Universidad del Rosario, lanzó su programa de educación financiera , que ha empezado a cambiar no solo la manera en que los colombianos manejan su dinero, sino también la forma en que imaginan su futuro.
El Programa de Educación Financiera celebra su primer aniversario con un impacto que va mucho más allá de las cifras. Más de 300 docentes capacitados y más de 13.000 estudiantes beneficiados en 146 municipios del país no son solo números: son historias. Historias de niños que hoy saben qué es ahorrar, de adolescentes que empiezan a pensar en sus proyectos de vida con un presupuesto en mente, y de adultos que, por primera vez, entienden cómo organizar sus finanzas y acceder a servicios bancarios.
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“Creemos que la educación financiera es un pilar fundamental para la inclusión social y económica en Colombia”, afirma Julián Quintero, gerente de Zona Banca Oficial Regional Antioquia, Chocó y Eje Cafetero del Banco de Bogotá. Y sus palabras cobran vida en cada rincón donde ha llegado este programa. Porque cuando alguien aprende a manejar su dinero, también aprende a soñar con más claridad.
Una de las regiones que más recientemente se ha sumado a este viaje es Risaralda. Allí, el programa ha comenzado a echar raíces con la entrega de kits escolares a más de 300 niños y jornadas comunitarias que orientarán a más de 1.000 personas en temas clave del día a día: desde cómo ahorrar en casa hasta cómo acceder a un crédito de manera responsable.
El enfoque ha sido integral. Para los más pequeños, el aprendizaje llega en forma de juegos y cuentos que enseñan el valor del dinero. Los adolescentes exploran cómo hacer presupuestos o incluso cómo poner en marcha sus primeras ideas de negocio. Y los adultos, muchas veces cabeza de hogar o trabajadores informales, encuentran en estas capacitaciones una guía práctica que se ajusta a su realidad.
Este esfuerzo no es un gesto simbólico: es una apuesta por el futuro del país. En palabras de quienes lo lideran, la misión es empoderar a los colombianos para que puedan tomar decisiones económicas más informadas, sostenibles y transformadoras. Porque detrás de cada lección financiera, hay una puerta que se abre: hacia el ahorro, hacia la estabilidad, hacia los sueños.
En un país donde la educación financiera todavía es un privilegio, este programa ha comenzado a cambiar las reglas del juego. Y lo ha hecho desde la raíz: con conocimiento, cercanía y compromiso.
Porque enseñar a manejar el dinero no es solo enseñar a contar billetes. Es enseñar a contar con uno mismo.
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