Hace algún tiempo vi una valla que decía: «Integridad es actuar como se piensa, mientras que se piense bien» (Adela Cortina).
Inmediatamente, empecé a analizar la frase y me pareció tan ambigua que podría poner en peligro, precisamente, la integridad. Surge, entonces, la gran pregunta: ¿Qué es pensar bien?
Para responder, en una época invadida por el relativismo, se hace necesario encontrar aquel referente que permita distinguir con claridad lo que está bien y lo que está mal y, para ello, he encontrado como parámetro la biblia que, siendo la Palabra de Dios, es inmutable y no se deja permear por la tendencia del momento, para concluir que pensar bien es pensar de acuerdo con los principios de Dios que son eternos.
Precisamente, en Isaías 5:20, nos advierte: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo…! «.
En mi vida diaria he aprendido que para evaluar el concepto de integridad no puedo mirar lo que todo el mundo hace, ni me puedo paralizar porque nadie lo hace; la clave está en volver a los fundamentos que dan cuenta del diseño original y que responden al plan que nuestro Hacedor, determinó para que tuviéramos bienestar.
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Cuando observo las problemáticas sociales actuales pienso que, definitivamente, necesitamos trabajar más en el ser que en el hacer y en el tener. Acostumbramos hablar de educación pero, al final, terminamos enfocados sólo en la formación. Educar implica volver a pensar en aquellos principios y valores que para nuestros abuelos eran no negociables y que, precisamente, les permitían actuar con integridad; esos principios que se enseñan con el ejemplo desde casa para que al salir a la calle podamos ser buenos ciudadanos, honestos, responsables, enamorados de nuestra tierra, respetuosos de los demás y empáticos con la necesidad del otro.
He tenido el privilegio de tener unos padres que han sido mi mejor ejemplo y hoy, junto con mi esposo, estamos trabajando por sembrar en nuestro hijo esos principios que tienen que ser el pilar en la formación del carácter de todo ser humano para que su actuar sea íntegro.
Esta incursión en la política, siendo una simple ciudadana de a pie que ha decidido atreverse a hacer algo diferente, sin compromisos con nadie ni “padrinos” políticos, me permite actuar sobre la base de mis convicciones, respetando las diferencias, pero firme con principios como el de la honestidad que se tiene que convertir en una práctica real, no en un simple lema o discurso cliché. Todos hablan de acabar la corrupción, pero a la hora de la verdad, el carrusel sigue girando sin que logremos saber quién peca más si el que peca por la paga o el que paga por la peca y eso se tiene que acabar, tiene que existir algo o alguien que sirva de tropiezo para evitar que esas malas prácticas continúen y, por ello, los invito a apoyar mi candidatura a la Cámara de Representantes votando 115 en la coalición del partido Colombia Justa Libres.




