Cuando Madonna lanzó «True Blue» el 30 de junio de 1986, nadie imaginaba que ese tercer álbum se convertiría en el más vendido de la década por una artista femenina.
Tres semanas antes de su boda con Sean Penn, la prensa no hablaba de otra cosa; pero el disco calló a los escépticos: 25 millones de copias, N° 1 en 28 países y cinco sencillos en el Top 5 del Billboard Hot 100 («Live to Tell», «Papa Don’t Preach», «True Blue», «Open Your Heart» y «La Isla Bonita»).
Ningún otro álbum de 1986 logró ese hito, y Madonna se ganó el título no oficial de «Reina del Pop» antes de que el término existiera.
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La historia de «True Blue» es también la historia de una mujer que tomó el control. Por primera vez, Madonna coescribió y coprodujo cada canción, trabajando codo a codo con Patrick Leonard y Stephen Bray. El sonido se alejó del dance-pop de «Like a Virgin» para abrazar baladas, pop latino y doo-wop, con una producción que mezclaba sintetizadores, guitarras y coros inspirados en Motown.
Pero más allá de la música, Madonna jugó a la provocación inteligente: «Papa Don’t Preach», que insinuaba el embarazo adolescente, generó debates hasta en el Vaticano y en la Casa Blanca; «La Isla Bonita», rechazada por Michael Jackson, se convirtió en un himno latino; y su imagen, ya no la chica revoltosa de «Like a Virgin», sino una Marilyn Monroe rubia platinada fotografiada por Herb Ritts, que se volvió icónica.
La creación del álbum estuvo llena de anécdotas que revelan su obsesión por el detalle. «Live to Tell» nació como un instrumental para una banda sonora que Paramount rechazó; Madonna escribió la letra y lo convirtió en su primera balada adulta.
«Open Your Heart» fue escrita para Cyndi Lauper, y «Papa Don’t Preach» para otra cantante, Christina Dent, pero Madonna la supo hacer suya. Durante la grabación, según Bray, estaba «muy enamorada» de Penn, y ese sentimiento impregna cada tema. El disco se promocionó con la gira «Who’s That Girl», la segunda más taquillera de 1987, y con vídeos que definieron una era en MTV.
Cuarenta años después, «True Blue» sigue siendo el disco más popular de Madonna y uno de los más vendidos de la historia.
Su legado no es solo comercial: fue el momento en que una mujer en el pop demostró que podía escribir, producir y controlar su imagen con la misma autoridad que sus colegas masculinos. La reciente canción «Bizarre» del impresionante «Confessions II», donde Madonna evoca a un amante de «profundos ojos azules» y un Shelby Cobra conducido «demasiado rápido», recuerda aquella historia de amor y desencuentro con Sean Penn que aún resuena.
«True Blue» vendió 25 millones de copias, y fue la declaración de que Madonna no era una estrella fugaz, sino la nueva reina de un mundo que ella misma estaba construyendo.

