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Sinergia: precursores de la paz en ‘Medallo’

Los procesos de paz en Medellín y en el área metropolitana del Valle de Aburrá tienen a varios gestores que llevan casi 30 años soñando con la oportunidad de una ciudad pacífica donde la guerra urbana sea cosa del olvido. Por: Mauricio Galeano Quiróz - Comunicador Social-Periodista - @Maurosgal

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A Henry Alberto Holguín Ocampo lo conocí en el año 1999 liderando desde la cárcel Bellavista pactos de no agresión entre los combos de Medellín y Bello. En esa época, como interno de aquel penal, recibía a líderes sociales y comunitarios, cabecillas de bandas y políticos de la ciudad que querían conocer y participar en las iniciativas de paz que se gestaban dentro de las rejas de ‘Villa Candado’.

En la actualidad Henry Holguín está libre, y luego de esa experiencia de más de cinco años trabajando por la paz entre los combos de ‘Medallo’, estuvo en España y Perú replicando la estrategia de reconciliación entre los guerreros de las pandillas; esas experiencias, por ejemplo, las replicó en Piura y El Callao, en Perú.

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Ahora, 25 años después, Henry Holguín en Medellín es el Coordinador del movimiento social por la paz y la reconciliación urbana a través de la Corporación Sinergia; una iniciativa que surge desde 2014 y que se consolidó en el año 2016. Se trata de una organización de la sociedad civil en la que se juntan personas y organizaciones con experiencia y trayectoria de trabajo en la construcción de procesos de atención al conflicto para el logro de la paz urbana en los diferentes territorios del Valle de Aburrá.

En este proceso que se desarrolla en la ciudad, con el acompañamiento del Gobierno Nacional, participan personas que han estado en las diferentes fases del conflicto y que han sido víctimas y actores del mismo, pero que ahora tienen un compromiso por la paz de la ciudad; entre ellos se cuentan profesionales de diferentes disciplinas como el constitucionalista Albeiro Pulgarín y líderes sociales como Alejandro Úsuga.

Inicios de los procesos de paz
Los antecedentes de la actual iniciativa tuvieron un periodo de dos años en los que se estableció un foro permanente para recoger lo construido desde el año 1995, cuando se empezaron a hacer pactos de no agresión entre los combos que tenían una injerencia fuerte en los barrios de los municipios de Medellín y Bello.

En aquella época la experiencia fue desde la cárcel Bellavista, entre 1996 y 2001, donde muchos de los que hoy son voceros desde la cárcel de Itagüí, en aquel tiempo estuvieron recluidos en dicho penal. En ese momento fueron 44 comisionados de paz en la Comisión Civil de Reconciliación Urbana. Los inicios fueron en los barrios Doce de Octubre, París y El Picacho.

En ese proceso hubo un trabajo fuerte en 75 barrios donde realizaron 57 pactos de no agresión, de los cuales se destacan los de sectores conflictivos como La Maruchenga, y Santander, en la comuna noroccidental; o los de Bello, con los combos de El Mesa, Los Chatas y Los Pachelly; y en la zona nororiental, con Los Triana, la gente de Popular, entre otros.

En los años 90 los líderes de los combos delincuenciales fueron los promotores de una nueva cultura de diálogo para la solución pacífica de conflictos en el Valle de Aburrá mediante pactos de respeto a la vida y no agresión; “¡porque antes de ese proceso todo lo solucionábamos era a bala!”, reseñan los representantes del Movimiento Sinergia recordando las guerras urbanas de finales del siglo XX.

De acuerdo con las experiencias vividas en temas de paz, los hombres que hoy tienen iniciativas de cambiar el rumbo de sus grupos armados organizados, consideran que el Gobierno Nacional (en mandatos pasados) no ha reconocido, comprendido ni atendido el conflicto armado urbano por desidia y negligencia.

Para el Movimiento Sinergia en el conflicto urbano confluyen diferentes actores y poderes del país, “¡y aquí confluimos y nos matamos!; porque hubo unas confrontaciones militares que nos llevaron a establecer unos poderes irregulares para poder continuar con el buen desarrollo del proceso de paz que nos trazamos en la guerra de los 90 con una disposición de voluntades”.

Los actores del proceso
La voluntad de los hombres que han estado inmiscuidos en las guerras y conflictos urbanos hoy en día subsiste. Algunos están en libertad y hablan en diferentes espacios del proceso de paz urbana; otros están en la cárcel, pero fueron delegados como voceros por las estructuras armadas; todos ellos han esperado la oportunidad de que el Estado colombiano volcara sus ojos en la construcción de paz urbana.

Un antecedente del respaldo por parte del Gobierno Nacional al conflicto urbano fue lo que sucedió en la época de 1993, con la Consejería Nacional para la Paz de María Emma Mejía, cuando se logró un proceso de negociación con las Milicias Populares del Pueblo y para el Pueblo, que eran grupos armados urbanos.

No obstante, después de ese proceso de negociación se genera posteriormente una confrontación más fuerte, porque se encontraron en el área metropolitana diferentes grupos armados: mafias, guerrillas, paramilitares y combos, y esto derivó en el conflicto armado urbano producto de la urbanización de la guerra.

A principios del siglo XXI también se dio el proceso de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que fue otra prueba reina de la urbanización de la guerra, cuya desmovilización se hizo también en Medellín.

“Luego, en el año 2010, se da la última guerra, que genera el Pacto del Fusil, y es el momento en que se renuevan y reafirman las voluntades de aquellos hombres que desde la cárcel Bellavista veníamos promoviendo pactos de paz porque amamos nuestros barrios”, rememoran las voces de Sinergia.

Entre 2014 y 2016 el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), en el Gobierno de Juan Manuel Santos Calderón, fue un aliciente para crear el Movimiento Sinergia en Medellín, como una expresión de la sociedad civil organizada para reafirmar el pacto entre las estructuras armadas y proponerle de nuevo al Estado colombiano que le pusiera atención al conflicto urbano.

Hoy el Movimiento Sinergia es la estrategia para divulgar “el mensaje de Medellín y el área metropolitana para invitar al Estado a la construcción del proceso de paz urbana, fortalecer la iniciativa de los pactos de no agresión y transformar todo en torno a un verdadero proceso que le genere en verdad resultados y beneficios a la sociedad”, explican los voceros con actitud de compromiso.

En el Movimiento Sinergia, luego de analizar y estudiar los diferentes procesos de sometimiento a la justicia, hallaron que esa dinámica no ha generado verdadera paz ni beneficios para las comunidades, por eso ahora son los ponentes de la “Teoría para el acogimiento a la justicia” –diferente al sometimiento–, porque es multilateral y en ella se considera que todos los actores del conflicto deben acogerse a cumplir la Constitución Nacional, “pero también debe hacer lo mismo el Gobierno para atender las violencias cotidianas del diario vivir”, recalcan los líderes de los procesos.

En el proceso de paz urbana que se adelanta en el Valle de Aburrá participan y están unificadas todas las estructuras armadas urbanas (combos) y todas delegaron vocerías. “Se puede hablar de que acá se integran las voluntades de entre 11 mil y 13 mil personas vinculadas a dichas estructuras”, describen desde Sinergia.

Cada grupo armado urbano tiene su propia estructura organizativa y unas líneas de mando, además de unos integrantes que habitan los barrios y se constituyen en sociedad civil organizada, que tienen que autogestionar soluciones para protegerse y salvaguardar su seguridad humana.

Los líderes del actual proceso de paz urbana tienen mayor esperanza en el tema de Paz Total que propone el Gobierno. “Esta oportunidad nos ha ayudado a reafirmarnos más en nuestra intención y a esperanzarnos más; y creemos que pronto se van a ver resultados. ¡Estamos creyendo en el Gobierno del Presidente Gustavo Petro!”, reconocen los representantes de Sinergia.

Históricamente se han visto las negociaciones entre dos: el Gobierno y el actor armado; “¡esta vez no! Ahora confluimos tres actores: 1. Los grupos armados urbanos, a través de su vocería legalmente delegada y conformando un espacio de diálogo socio-jurídico con el Gobierno Nacional. 2. Un Gobierno Nacional con una Alta Consejería para la Paz, que ha conformado una delegación especial para realizar sus buenos oficios en materia de paz total. 3. La sociedad civil organizada, donde diferentes organizaciones de la ciudad conformamos un Comité de Impulso autónomo y hemos firmado una hoja de ruta para la participación en el proceso”, explican detalladamente los voceros del proceso.

El tema de paz urbana es una contribución enorme a la humanidad y el proceso en el Valle de Aburrá ya tiene unos acuerdos pactados entre las estructuras armadas urbanas a través de su vocería, con verificación y seguimiento; se cuenta con el acompañamiento de comunidad internacional; y cada día se reafirman más voluntades por parte de las estructuras a través de consensos y sensibilización.

A manera de conclusión, los voceros del Movimiento Sinergia hacen un llamado y expresan que se necesita la participación de la academia, mayor compromiso de la empresa privada y el acompañamiento de la sociedad en general.

“La Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín también han sido invitadas, porque el proceso actual ha trascendido a los gobiernos de derecha que lo único que buscan es mirar cómo nos matamos. ¡El proceso es de nosotros: las personas que estamos en los barrios, que ofrecimos la vida y que fuimos también capaces de quitarla; el proceso de paz urbana no es de Gustavo Petro ni de ninguna corriente política!”, ratifican estos hombres y mujeres que le siguen apostando a reconciliar a las personas que han participado en el conflicto armado urbano.

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