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Los nuevos desinformantes y su incomunicación

Por: Mauricio Galeano Quiroz - Comunicador Social-Periodista - @Maurosgal

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Los nuevos profesionales de la comunicación (y de otras disciplinas) se llenan la boca pronunciando anglicismos como storytelling, benchmarking, target, blockchain, post, feed, outfit, entre muchos otros; pero vaya póngalos a construir un texto bien redactado con una debida ortografía, puntuación adecuada, concisión y claridad… ¡Se embalan hasta para utilizar un punto y coma!

El contexto informativo de los contenidos que se producen en los medios de comunicación convencionales y alternativos, en las entidades públicas y privadas o en las organizaciones comerciales adolecen y soportan en la actualidad a profesionales con mínima capacidad de redacción, defectuosa comprensión lectora y una ínfima interpretación de los mensajes. Desde redactores, comunicadores audiovisuales y multimediales hasta publicistas, editores de audio y video sacan la excusa de que ellos no son editores o correctores de estilo y que para eso existen herramientas digitales.

Desde la formación básica nos enseñan que en el proceso de la comunicación existen un emisor y un receptor que se entienden a través de los mensajes, dependiendo del canal o tipo de lenguaje que se utilice. De ahí que a los dinosaurios que nos formamos hace más de 25 años en las disciplinas de la comunicación se nos inculcó en las teorías que el mensaje efectivo debe cumplir o responder a unos interrogantes básicos: ¿Qué? ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Cuánto? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? y, si se puede ¿Para qué?

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Hace casi 20 años trabajo en una institución de educación superior, donde en una de sus dependencias estoy al frente del área de comunicaciones; en esta experiencia profesional he tenido a mi cargo asistentes, practicantes y he asesorado también a estudiantes de pregrado y posgrado en estas lides. Es desesperanzador el panorama que uno alcanza a percibir en los nuevos profesionales a quienes les da física pereza (y hasta miedo) redactar contenidos.

Actualmente los profesionales de las nuevas generaciones se consideran estrategas de la comunicación, influenciadores, relacionistas públicos, gestores de los clic, diseñadores de campañas digitales, opinadores, vedettes de las redes y otro tipo de apelativos técnicos para venderse como expertos de la comunicación, pero en cuanto a la base y la esencia de la profesión “¡les falta mucho pelo pa’ la moña…!”, como dicen las abuelas.

Para ellos lo importante es el mensaje rápido: un copy de dos o tres líneas mal puntuado y con errores de ortografía, acompañado de una imagen diseñada por la Inteligencia Artificial o con la ayuda de las plantillas de Canva en la que ponen el nombre del evento, la hora, la fecha, el lugar, el link de conexión y un mensaje que “invite a la acción”; ¡en eso se resume el proceso de informar, para ellos!”.

Si usted los pone a construir un libreto, un guion, un boletín o comunicado de prensa, ¡el mundo se les viene encima! La excusa es que ya la gente no lee textos largos o que no hay tiempo; que con los datos básicos el público entiende y luego busca en internet. Ese es su argumento falaz para disfrazar sus estrategias de incomunicación. No son todos, no generalizo, pero sí existe un común denominador en esas falencias de ser capaces de construir una pieza excelsa digna de publicar o compartir con sus audiencias.

Las facultades, escuelas e institutos que forman profesionales en las áreas de la comunicación –pero también en ciencias exactas, de la salud, las artes o el campo administrativo– tienen la misión de inculcarle a sus estudiantes la necesidad de saber expresar una idea, de describir, contar o informar a partir de contenidos bien escritos; pero ese tipo de cursos son opcionales en algunas academias. La capacidad de elaborar un texto excelso –puede sonar a cliché– tiene relación también con la habilidad de la expresión oral y, por ende, con la impresión cultural y con las fortalezas de interacción en el mundo laboral con sus pares; más en una sociedad que empieza a explotar las habilidades blandas o esenciales de los profesionales.

Otra herramienta muy útil a la que apelan para huir de la redacción es el video, y lo superponen al texto porque es más atractivo y gana más clic; sin embargo, no se puede dejar de lado que una pieza audiovisual se construye a partir de un guion o de una estructura, de preguntas y de un objetivo narrativo para entregar un mensaje claro y generar una reacción en la audiencia. Un buen video requiere que el productor sepa transmitir la intención con verdadero profesionalismo acompañando la imagen con mensajes cortos a manera de close caption o de datos y cifras que ilustren al espectador (pero ni siquiera los corrigen o editan). Ya ni de eso son capaces, solo hacen una pregunta general y de lo que declare el entrevistado rescatan algún contenido que les pueda servir, porque no preguntan más.

El panorama de la comunicación es cada vez más denso y extraño. No se entiende qué pasa con estos nuevos profesionales de las letras que han transformado su pensar a una manera sencilla y superflua de transmitir mensajes. Han minimizado todo; pero lo más triste es ver que la sociedad se ha ido sumiendo en este tipo de información efímera. ¿Qué piensan las instituciones?, ¿las empresas se sienten representadas por este tipo de información que transmiten?

En las instituciones académicas, en el sector público y privado, incluso en los medios de comunicación, es evidente la carestía de profesionales que entiendan y ejerzan bien su labor, conscientes de la importancia de saber comunicar, divulgar e informar con un buen contenido escrito; ¡esa es la materia prima! El éxito de una organización que quiere interactuar con sus públicos internos y externos a través de mensajes claros y una comunicación asertiva, depende de profesionales bien preparados que sean conscientes de que de ellos y de su calidad profesional dependen el hit en el merchandising, los business, y que su compañía u organización sean muy top.

Pulla:
Esta semana el director de la emisora La FM, Luis Carlos Vélez (@lcvelez) arremetió contra los medios alternativos y sus creadores de contenido y los llamó “Cloacas de la información”. Vélez debería aprender que el periodismo no es opinar, despotricar, lanzar veneno, criticar y pontificar en un micrófono. Al parecer, el bumerang que lanzó no dejó bien parada a la cadena RCN ni la imagen de este payaso pendenciero y lamesuelas que se hace llamar periodista.

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