En Colombia, como en gran parte de América Latina, el término «nini» se ha convertido en una etiqueta que describe a una generación de jóvenes que ni estudian ni trabajan.
Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el país hay 11,1 millones de jóvenes entre 15 y 28 años, y de ellos, 2,5 millones entran en esta categoría.
Esto significa que el 22,5% de los jóvenes colombianos no están aprovechando su potencial en un momento crucial de sus vidas.
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Esta situación no solo afecta a los individuos, sino que también tiene implicaciones profundas para el futuro económico y social del país.
Uno de los aspectos más preocupantes de este fenómeno es la brecha de género que lo caracteriza. De los 2,5 millones de ninis, 1,6 millones son mujeres, lo que representa el 15,2% de las jóvenes en ese rango de edad.
En contraste, los hombres ninis suman 816.000, es decir, el 7,3%. Esta disparidad refleja las barreras estructurales que enfrentan las mujeres en el acceso a oportunidades educativas y laborales, así como las responsabilidades de cuidado que muchas asumen desde temprana edad.
Si no se abordan estas desigualdades, el ciclo de exclusión y pobreza seguirá perpetuándose.
Además, el fenómeno nini se ve agravado por la migración de jóvenes, que está impactando negativamente el bono demográfico del país.
La salida de personas en edad productiva no solo reduce la fuerza laboral disponible, sino que también limita el potencial de crecimiento económico.
Colombia necesita políticas públicas que retengan a sus jóvenes y les brinden oportunidades reales de desarrollo, tanto en el ámbito educativo como en el laboral.
En cuanto al empleo juvenil, las cifras no son alentadoras. Aunque el 45,7% de los jóvenes están empleados, la tasa de desocupación para este grupo es del 17,4%, un aumento de 0,2 puntos porcentuales respecto al año anterior.
Además, la informalidad laboral sigue siendo un problema grave: el 55,9% de los trabajadores en Colombia están en la informalidad, lo que equivale a 13,1 millones de personas.
Esta precariedad laboral afecta especialmente a los jóvenes, quienes enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos estables y bien remunerados.
El fenómeno de los ninis no es solo un problema individual; es un reflejo de las fallas estructurales en el sistema educativo y laboral.
Para abordarlo, se requieren acciones concretas: fortalecer la educación pública, promover programas de capacitación técnica y profesional, y crear incentivos para que las empresas contraten a jóvenes.
Además, es fundamental abordar las causas profundas de la migración juvenil y garantizar que los jóvenes tengan oportunidades en sus propias comunidades.
Colombia tiene una ventana de oportunidad para aprovechar su bono demográfico, pero el tiempo se agota. Si no actuamos ahora, corremos el riesgo de perder a una generación entera de jóvenes que podrían ser el motor del desarrollo del país.




