A las 10 de la mañana íbamos ya por la autopista del Cantábrico con dirección a Ampuero. Al volante iba Freddy, el hijo mayor de María Amparo, quien amablemente se ofreció a llevarme en este viaje hacia las raíces. Ella quedó en casa.
Saliendo de Getxo pasamos por Lejona, Baracaldo y Ugarte. La carretera permite disfrutar el paisaje, entre las colinas y el mar. A un lado quedaron Valle de Trápaga, Ortuella, El Villar, Abanto y Ciérvana, Musques, La Rigada y Baltezana. Al principio el cielo estaba gris, pero 15 minutos después se hizo el azul y blanco propio del verano. Íbamos a bordo de un auto francés, con las mascarillas puestas y escuchando rock de una estación local.
Atravesamos algunos túneles, dejando atrás a Ontón, Mioño, Lusa, Santullán, Castro Urdiales, Allendelagua, Cerdigo, Islares y Tarrueza. Llegando a La Arenosa dejamos Laredo a un lado. Pasamos por La Pesquera, El Callejo y Colindres, abandonando la autopista y tomando rumbo a Limpias. Nos topamos con algunos ciclistas en la vía, antes de entrar en la recta final hacia la historia de mi sangre. Le advertí a Freddy que no sabía con qué nos íbamos a encontrar, porque lo único que había visto del Palacio era una pared y él preguntó si al menos sabía dónde estaba. “No lo sé, pero no debe ser difícil de encontrar”, dije con certeza.
Según Wikipedia, Ampuero es un municipio de Cantabria que limita con Limpias, Liendo, Ruesga Junta de Voto, Guriezo y Rasines. Su localización estratégica en el centro de la comarca del Asón-Agüera la ha elevado a cabecera de comarca, poseyendo importantes servicios y un polígono industrial en sus proximidades. Cuenta con varios atractivos como la pesca de trucha y salmón, la gastronomía, la Fiesta de la Virgen Niña y los populares encierros taurinos. En 2017 la población de Ampuero era de 4.222 habitantes, repartidos en 24 barrios y un área de 32,3 km².
Aparcamos en una calle del centro y nos bajamos del auto. Muy cerca estaba el Ayuntamiento y me llamó la atención el escudo de armas con una carabela flotando en la mar, rodeada de siete flores de lis y sellada por la corona real. ¿Se imaginan lo que pasó por mi mente al contemplar tan significativo escudo? Agradecí al Creador del Universo por traerme a esta pequeña ciudad tan importante para mi genealogía.
Los principales rasgos de Ampuero a nivel general son: precipitaciones por encima de los 1300 mm al año, concentradas de finales de otoño a finales de primavera; cambios de temperatura suaves, con medias ligeramente superiores a los 14 °C y máximas anuales en torno a los 35 °C. Destaca su típica arquitectura popular serrana con casas con balconadas y miradores y calles empedradas. Entre sus 24 núcleos de población se destacan: La Bien Aparecida, Bernales, Rascón, Hoz de Marrón, Cerbiago, Marrón, Udalla y La Bárcena, por supuesto.
Entre sus bienes de interés cultural sobresalen la iglesia parroquial de Santa Marina, en Udalla, con categoría de monumento, que es una iglesia gótica de los siglos XIV y XV con dos ábsides semicirculares y dos naves paralelas; el Santuario de la Bien Aparecida, en Hoz de Marrón, con categoría de conjunto histórico según declaración del año 1983 y que es la patrona de Cantabria; la iglesia parroquial de Santa María y La Casona de Espina con su torre y portalada, con categoría de monumento, que se encuentra en el barrio de La Bárcena. ¡Mi bien hallado Palacio De La Bárcena!
A las 10.43 llegamos a La Bárcena y me tomé una foto con la señal que la nombra. El Diccionario de la Lengua Española nos dice que Bárcena proviene quizá de la voz prerromana «bargĭna», derivada de «barga» ‘campo inundado’, y nos trae una sola definición, de origen cántabro: Lugar llano próximo a un río, el cual lo inunda, en todo o en parte, con cierta frecuencia. Me parecía estar protagonizando una novela de aventuras y viajes en el tiempo. Parqueamos debajo de una carretera y lo primero que vimos fue la Plaza de Santiago con una bella ermita donde se tributa y celebra al patrono cada 25 de julio. Al lado derecho de la fachada el apóstol y su vieira me dieron la feliz bienvenida. Al asomarme por la puerta principal pude percibir el aroma de las flores, aún frescas. Luego de agradecer al Patrono de España me dispuse a contemplar el tranquilo paraje musicalizado por las aguas del arroyo de Las Toberas. Encendí la cámara y comencé a filmar. Casi de inmediato apareció un lugareño con camisa rosa y vaqueros desteñidos a quien pregunté dónde encontrar el Palacio De La Bárcena. Me indicó con el dedo: ¡justo al lado del sitio donde habíamos aparcado!
El video dura solo dos minutos y medio. Quise registrar los pasos que daba y la emoción que sentía al aproximarme a un lugar al que había soñado despierto tantas veces. Por mi cabeza revoloteaban imágenes antiguas, con seres muy viejos como protagonistas. Muertos ya para el mundo, pero vivos aún entre mis venas. Justo antes de llegar a la vía que pasa frente al Palacio, comprobé que hay unas implacables flores amarillas que se resisten al calor del verano. La primera de las casas, la del mayordomo, es de dos plantas y de entrada abierta. Frente a ella había aparcado un coche rojo. Continué el camino hacia la entrada principal. Casi sin aire.
El Palacio De La Bárcena es un magnífico conjunto de casa-torre con una espléndida portalada con dos fieros guerreros portando unos mazos que defienden el escudo familiar de los Espina, quienes lo habitaron a lo largo de cuatro siglos. “Conserva el porte señorial y la apariencia inequívoca de haber sido albergue de un influyente linaje. El recinto que tuvo muralla con tres torreones y almenas, contó con una capilla gótica que debió construirse en el siglo XVI. La reconstrucción del Palacio se ha iniciado a cargo del ayuntamiento de Ampuero… Es muy probable que el emperador Carlos V pernoctara en el palacio en su camino al Monasterio de Yuste, en la provincia de Cáceres, en 1553. El Palacio De La Bárcena, originalmente pertenece por tradición al titular del Ducado de Plata De La Bárcena, aunque en estos momentos la propiedad se encuentra bajo la administración del ayuntamiento”. Con deseo de entrar llamé al número que aparecía en un aviso de la puerta, pero me informaron que el Palacio está temporalmente cerrado por las obras de restauración.
Deseando saber más del Palacio me dirigí hacia la Casa de Cultura, donde llegamos a las 11.11. Freddy decidió esperarme en la plaza contigua tomando una bebida, mientras al interior de la Casa me atendía una diligente funcionaria que me contó algo sorprendente, digno de una novela. Solo les voy a adelantar un pequeño fragmento. Con una voz dulce pero firme y del color del olivo, me dijo que “el 99% de las personas con origen en Cantabria se sabe que son castellanos antiguos, es decir, que no tienen sangre ni mora ni judía. Por lo menos así nos lo dice la historia, que sea o no verdad no lo sabemos. Entonces, cuando los moriscos y judíos fueron expulsados, los conversos tuvieron mucho poder económico, incluso llegaron a tener poder social, pero se les consideraba un poco de segunda categoría por no tener ese origen de castellano antiguo. Si tu familia desciende del norte, tú vas a ser castellano antiguo”. Lo que me dijo después sobre el Palacio me lo guardo para contarlo con las virtudes de la ficción. Mi corazón bailaba al ritmo del mapalé.
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Pasado el mediodía, el hijo mayor de María Amparo estuvo de acuerdo en llevarme a Santa Cruz de Bezana, cerca de Santander, la capital de Cantabria. La misión allí era encontrar algún vestigio de mi antepasado, Don José De La Bárcena y Respuela, de quien les hablé en la pasada entrega. Llegamos sobre las 12.50. Wikipedia nos dice que Santa Cruz de Bezana es un municipio que limita al norte con el mar Cantábrico, al oeste con Piélagos, al sur con Camargo y al este con Santander. Está situado en la zona de influencia de la capital cántabra, por ello se encuadra a este municipio en la comarca de Santander. Cuenta con una población total de 13.292 habitantes para 2021. Fue la antigua Abadía de Santander, pero como dato curioso tiene la Playa de Covachos, “aislada, nudista y tranquila a la que se accede difícilmente a pie, y que está enclavada en un entorno muy atractivo. Disfruta de una arena dorada de calidad y aguas muy limpias”. ¡Habrá que volver!
A Santa Cruz se le ve más habitada y urbana. Con edificios de varias plantas, rotondas y autos aparcados a orillas de la calle. Fuimos directo a la Iglesia de Santa Cruz y justo al descender del auto recibí la llamada de Monseñor Jorge Enrique Jiménez, Arzobispo emérito de Cartagena de Indias, ciudad en la que vivió, sirvió y murió mi antepasado. Emocionado le conté a Su Excelencia donde estaba y se emocionó. Luego de una breve conversación me dio la bendición. La Iglesia de Santa Cruz fue construida a principios del siglo XX sobre las ruinas de un templo de la Edad Media. Tiene planta en forma de cruz, de tres naves: la principal y dos capillas dedicadas a San Roque y el Sagrado Corazón de Jesús. En su interior se aprecia un retablo mayor neogótico en el que se guarda la talla de Cristo crucificado sobre el monte Gólgota. Destaca en la fachada un gran rosetón decorado con los orígenes de la iglesia. La torre campanario, finalizada en 1923, se yergue imponente.




