Desde la década de 1970, Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó La Momposina, recorrió más de 50 países en los cinco continentes llevando la cumbia, el porro, el mapalé y el bullerengue a los escenarios más exigentes del circuito global, comenzando por las cuatro siglas de WOMAD. Su nombre es sinónimo de resistencia cultural y su voz será un puente entre el Caribe colombiano y el mundo.
El despegue definitivo de su carrera internacional ocurrió a principios de los años 90, nos llegó en revistas extranjeras como NME cuando el genial Peter Gabriel la invitó a grabar bajo su sello Real World Records. Fruto de esa alianza surgió en 1993 el álbum «La Candela Viva», una obra que la revista Songlines calificó como «uno de los discos esenciales de la música del mundo». Ese mismo año debutó como titular en el festival WOMAD, fundado también por Gabriel, y desde entonces ha sido una de sus artistas más recurrentes, participando en ediciones en Inglaterra, Australia, España y Canadá, entre otros países.
Su impacto no se limitaba a los escenarios. En 2021, Totó recibió el Premio Grammy Latino a la Excelencia Musical, en reconocimiento a una trayectoria de más de cinco décadas dedicadas a preservar y difundir las músicas ancestrales del Caribe colombiano, y se retiró al siguiente año. Además, en 2023 fue homenajeada por el Ministerio de Cultura de Colombia con la Orden de la Democracia en su más alto grado.
En la era digital, explicaba cómo su música continuaba conquistando nuevas generaciones: solo en Spotify, canciones emblemáticas como «El Pescador» supera los 15,5 millones de reproducciones, una muestra de que la raíz también vibra en las plataformas donde fue bien recibida al lado de Calle 13 cantando «Latinoamérica» y respirando azul clarito.
Esta conversación inédita —que hoy compartimos— revela la calidez y cercanía de la cantautora colombiana, reflexionando sobre las plataformas digitales, la memoria sonora y los valores ancestrales que aún laten en cada golpe de tambor.


