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La piedra angular

Por: Diego A. Arenas Londoño. Esp. Alta Gerencia - Ing. Civil . Linkedin: @Diegoaarenas

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Hay personas que se convierten en la piedra angular de sus familias y son las que mantienen la unión familiar. ¿Qué hacer para mantener unida a la familia cuando esa persona se ha ido? Sólo el amor entre los que se quedan puede lograrlo.

Siempre ha existido una gran variedad de lo que llamamos “familias” aunque haya sido necesario adaptar su definición jurídica para no ser excluyentes. Familia nuclear, mono y homoparental, ensamblada, adoptiva, de acogida, hasta unipersonal, pero hoy quiero pensar en la familia extensa, esa que está compuesta por los padres, los abuelos, los tíos, los primos, y hasta por el perro y el gato.

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Quiero pensar en esa familia extensa “itinerante”, la que se reúne cada día de madres en la casa de la abuela, sea por amor o tradición, y es de las pocas veces que se ve a todos los tíos juntos. En la familia que al menos una vez al año por allá en diciembre, se reúne para hacer natilla y buñuelos, y es la única vez que se ve a todos los primos reunidos haciendo zafarrancho, mientras esperan el aguinaldo.

Hemos depositado ese roll conector en los abuelos, en los más viejos de la casa. Con su experiencia y su sabiduría forjada con los años, seguramente son ellos quienes mejor han comprendido que las cosas más importantes en la vida no se cuantifican con billetes sino con tiempo, que, aunque el regalo por sí mismo sea disfrutable, adquiere un mayor valor cuando la entrega va acompañada de un abrazo, de un beso, y de tiempo para tomarse un tinto juntos.

Mi abuela se murió, y aun muerta, logró que toda la familia se reuniera en el velorio.

La excusa para reunirse a almorzar una tarde cualquiera con los hermanos, no debería recaer sobre una sola persona, primero porque debe ser agobiante para esa persona que se sabe epicentro de su vida familiar, y segundo, porque es desolador para quienes giran alrededor, pensar en qué va a pasar cuando esa persona amada sobre la que gira todo, ya no esté.

Yo la verdad, no tengo certeza de cuándo vaya a volver a ver a todas mis tías reunidas, y cuándo me vaya a poder poner al día con mis primos en una sola tarde.

La única manera para contrarrestar el efecto de la ausencia de ese ser querido, es el amor entre los que le sobreviven, es poder cultivar vínculos que se puedan definir por algo más que el hecho de tener un familiar en común. Si de verdad esperamos seguir contando con la fraternidad y la cercanía de esa familia extensa, aun cuando esa persona que era su eje ya solo sea un recuerdo, no nos queda de otra que amarnos; una llamada inesperada al primo para preguntarle por la familia, mantener vivo ese grupo de whatsapp familiar así sea a punta de memes, sacar a comer helado al sobrino, lo que sea que nos sirva como pretexto para seguirnos amando.

Recordemos a nuestros muertos y honremos su existencia, si es necesario llorémoslos, pero preocupémonos más por los vivos, porque al final de cuentas, son lo único que nos queda.

En memoria de Mamita Nora.

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